Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Santísima Trinidad-C

No lo comprendo

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VER:

Reconozco que nunca he comprendido cómo funciona un ordenador. Personas que entienden de informática me lo han explicado varias veces, pero no lo comprendo. Ni lo del sistema binario, ni que yo estoy viendo la pantalla y por dónde va el ratón pero el ordenador “no lo ve” y sin embargo “sabe” lo que tiene que hacer… Se me hace incomprensible, pero eso no impide que yo lo utilice habitualmente en mi trabajo. Sería absurdo que, porque a mí no me entra en la cabeza, rechazase de plano utilizar el ordenador diciendo que “es imposible que eso funcione”.

JUZGAR:

Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la solemnidad de nuestro Dios Uno y Trino. Y es habitual que muchas personas, cristianos incluidos, reconozcan que no comprenden esta afirmación de nuestra fe. No les entra en la cabeza como puede ser eso de “un solo Dios en tres Personas”.

Es cierto que personas entendidas, los teólogos, han procurado dar una explicación razonable, y así encontramos una síntesis en el Credo Nicenoconstantinopolitano: Creo en un solo Dios, Padre… Creador… pero se va complicando: Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos… Dios verdadero de Dios verdadero… engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre… Y después: Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria…

El Credo lo rezamos habitualmente, lo hemos aprendido de memoria, pero ¿sabemos explicar “engendrado, no creado”? ¿O “de la misma naturaleza”? ¿O “que procede del Padre y del Hijo”?

Y el Prefacio de esta Solemnidad también recoge el fruto de las reflexiones teológicas sobre la Trinidad: Padre… que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza… Adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza, e iguales en dignidad. No son palabras “raras”, pero ¿entendemos lo que dicen?

De hecho, a menudo nos preguntan o nos preguntamos: ¿Pero por qué hacemos las cosas tan complicadas? Y ante la dificultad para comprender, lo primero que debemos tener claro es que no somos nosotros quienes hemos dicho cómo es Dios; como diremos también en el prefacio, esto lo creemos de tu gloria porque Tú lo revelaste. Dios se nos ido revelando a lo largo de la historia, Dios mismo nos ha dicho cómo es, no somos nosotros quienes “lo hemos hecho complicado”.

Y lo segundo, es que estamos ante un “misterio”, en el sentido religioso de la palabra: una verdad que no es completamente accesible al entendimiento humano. Pero no por eso deja de ser real.

Por eso, aunque no lo comprendamos, esto no nos impide acoger ese misterio en nuestra vida, incorporarlo a ella. Dios mismo nos ha dicho que en su Unidad encontramos tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y nosotros no rechazamos esta revelación, sino que realizamos un acto de fe, lo creemos y afirmamos porque tenemos razones suficientes para fiarnos de Él.

Y para que podamos acoger ese misterio en nuestra vida, Dios mismo nos hace saber que Él es un Misterio de Amor y nosotros podemos amarle, como recordaba San Pablo en la 2ª lectura: estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos… porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Aunque no nos entre en la cabeza cómo es Dios, podemos relacionarnos habitualmente con Él, y vivir en el Amor del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, y experimentarlo en nuestra vida.

ACTUAR:

¿Qué cosas de la vida cotidiana son para mí un “misterio”, pero las utilizo aunque no sepa cómo funcionan? ¿Qué aspectos de la fe son para mí un “misterio”? ¿Cómo es mi relación con el Misterio de la Santísima Trinidad? ¿Me relaciono desde el amor con las tres Personas divinas?

Es verdad que a todos nos gustaría “entender” a Dios, pero como dijo San Agustín: Si lo comprendieras, no sería Dios (Serm. 52, 6, 16). Que la dificultad para comprenderle no sea obstáculo para relacionarnos con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, para adentrarnos en su Misterio de Amor, y dejar que, por la fe, su Espíritu nos guíe hasta la verdad plena.

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