Laicos, testigos de la misericordia
VER:
En un retiro sobre el Creo, al hablar del Espíritu Santo, decía que cuando Pablo llegó a Éfeso, los pocos discípulos que allí encuentra le declaran que no habían oído hablar nunca del Espíritu Santo: no ignoran su existencia, pero no han realizado la experiencia de su presencia activa. Quizá hoy Pablo recibiría una respuesta parecida de muchos cristianos, porque nuestra percepción del Espíritu es a menudo muy confusa. Y, sin embargo, es Dios mismo habitándonos totalmente.
Hoy es el día de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, que dio origen a la Iglesia. Hoy los cristianos pedimos los dones del Espíritu para que haga más fuerte y eficaz nuestro testimonio como creyentes. En una cultura donde priman el relativismo, el deseo de tener por encima de la persona, los cristianos estamos llamados a iluminar nuestra sociedad y nuestro mundo desde la Palabra de Dios. Un testimonio que, especialmente en este año, debe surgir de tener fija la mirada en la misericordia de Dios y que nos lleva a ser también nosotros misericordiosos como el Padre.
Pero todos sabemos que no es fácil mostrarse como católicos, en nuestros ambientes, y por eso a veces permanecemos ocultos “por miedo”, como los discípulos en los primeros días tras la crucifixión de Jesús, para no ser señalados, para “protegernos” con el anonimato o para ser políticamente correctos en la sociedad del relativismo de las ideas y no tener conflictos.
JUZGAR:
Pero como hemos escuchado en la 2ª lectura, habéis recibido no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Así, del mismo modo que el Espíritu Santo descendió sobre los primeros discípulos y les capacitó, como Iglesia naciente, para ser Apóstoles para la misión, también ahora el Espíritu Santo viene a nuestra vida para hacernos Apóstoles, hombres y mujeres libres, con el corazón palpitante por el Evangelio, con gestos y palabras con las que transmitir misericordia y penetrar así en el corazón de las personas. Porque, dentro del Año de la Misericordia, no podemos olvidar que el anuncio de la misericordia de Dios forma parte de esa misión de toda la Iglesia, en la que los fieles laicos tienen mucho que aportar.
Por eso hoy se celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, para tomar conciencia de la misión para la que todos hemos sido convocados. El anuncio del Evangelio no es tarea para unos pocos escogidos, sino que todos debemos asumir esta responsabilidad convirtiéndonos en “evangelizadores con Espíritu”, como nos dice el papa Francisco en Evangelii gaudium (262), es decir, evangelizadores que sustentan su trabajo en la oración confiada y en la acción del Espíritu Santo.
Las asociaciones y movimientos de Apostolado Seglar ayudan a sus miembros a tomar conciencia de esta misión que se nos encomienda, y a encontrar caminos para llevarla a cabo, siendo “Laicos, testigos de la misericordia”, como indica el lema de este año.
Con este espíritu nació la Acción Católica, como un medio para promover una profunda espiritualidad, una sólida formación cristiana, para que surjan laicos conscientes de su misión de anunciar a Jesucristo en el mundo. La Acción Católica busca en los EdV con los itinerarios de formación que los laicos se encuentren con Jesucristo y vivan consecuentemente su vocación laical como cristianos maduros y comprometidos en el mundo, testigos de la misericordia con sus obras.
ACTUAR:
Si alguien me preguntase sobre el Espíritu Santo, ¿qué le respondería? ¿Suelo tener presente al Espíritu Santo en mi oración? ¿Soy miembro de algún Movimiento o Asociación laical? ¿Por qué?
En este día de Pentecostés, abramos nuestra vida al Espíritu Santo. Él nos introduce en el misterio de Dios, nos hace salir de nosotros mismos, y de una Iglesia cerrada en su propio recinto; nos impulsa a abrir puertas y ventanas para anunciar y dar testimonio del Evangelio.
El Espíritu Santo transforma nuestro corazón, nos hace gustar la misericordia del Padre y siembra en nosotros la urgencia de mostrarla a los demás. Él nos convierte en sal y luz para nuestro mundo, Él suscita en nosotros el deseo de construir una sociedad nueva, el deseo de hacer el bien a los otros. El Espíritu nos ayuda a ponernos en el lugar del otro para entenderlo, para compadecernos.
Y demos gracias a Dios, en este día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, por tantos fieles laicos que en nuestras diócesis y en el mundo están siendo auténticos testigos de la misericordia del Padre, porque la nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos, o no se hará (CLIM 148).