Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía V de Pascua-C

¿Lo de todos los años?

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VER:

Durante la Semana Santa y la Octava de Pascua es normal que bastantes personas de la comunidad parroquial se ausenten porque disfrutan de unos días de vacaciones. Al volver, la pregunta típica era: “¿Qué tal, cómo ha ido la Pascua?” Y la respuesta típica también solía ser: “Bien, lo de todos los años”. Pero a mí esta respuesta no me gusta porque, hace unas semanas, en una comunidad autónoma surgió una propuesta dirigida a los colegios para cambiar la denominación de las vacaciones de Navidad y Semana Santa por “vacaciones de invierno” y “vacaciones de primavera” respectivamente. Dejando aparte los presuntos argumentos en favor de una mal entendida sociedad laica, desde esa mentalidad no habría problema en cambiar la denominación, es sólo cuestión de nombres porque las estaciones del año siguen un ciclo invariable, todos los años se repiten igual, y con las fiestas religiosas ocurre algo semejante: “todos los años son lo mismo”.

JUZGAR:

Pero la Pascua cristiana, la celebración de la Resurrección de Cristo, no es una simple fiesta anual, que se repite cíclicamente. Aunque la celebramos todos los años y litúrgicamente seguimos una línea establecida, nunca debemos vivirla como “lo de todos los años”.

La fe cristiana es dinámica, porque el encuentro con el Señor Resucitado inicia en cada uno de nosotros un proceso de crecimiento y maduración que dura toda la vida. La fe cristiana tiene tres dimensiones que forman como un triángulo: creer, celebrar, vivir. La fe que creemos la celebramos, y esa fe creída y celebrada la llevamos a la vida. Estas tres dimensiones conllevan un cambio progresivo y creciente de todo nuestro modo de pensar, de sentir, de actuar y de vivir, y no sólo en lo que se refiere a nuestra interioridad, sino también a nuestro modo de estar en el mundo: familia, trabajo, convivencia social y política…

Y ese dinamismo creciente que comporta la celebración de la celebración de Jesús tiene una meta, que hemos escuchado en la 2ª lectura: un cielo nuevo y una tierra nuevala nueva Jerusalén… Ésta es la morada de Dios con los hombres… Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos. Allí Dios enjugará las lágrimas… Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Si Cristo Resucitado nos ha abierto el camino hacia la nueva Jerusalén, si tenemos presente esta meta, y miramos nuestra realidad, nuestro mundo, donde hay tantas lágrimas, tanta muerte, tanto luto, tanto dolor…¿cómo podemos contentarnos con vivir la Pascua como “lo de todos los años”?

Tenemos que hacer nuestra la oración que diremos después de la Comunión: que vivamos, ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Y para vivir esa novedad ya desde ahora, Jesús nos ha dicho: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. Es cierto que, aunque tenemos clara la meta, todavía no hemos llegado a ella, todavía estamos en camino; pero ya desde ahora podemos anticipar esa presencia de Dios, ya desde ahora debemos ser “pueblo de Dios”, no sólo por nosotros, sino como auténtico testimonio de fe.

Como decía Jesús: la señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros. Ésta es la novedad que debemos mostrar para que la fe cristiana no parezca “lo de todos los años”, una simple repetición de ritos y costumbres. Si queremos ser de verdad discípulos del Resucitado, ya desde ahora podemos, y debemos, dejar patente que Dios está con nosotros, porque Dios es amor (1Jn 4, 8), porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20), porque la realidad de nuestro mundo nos urge a llevar a cumplimiento la 3ª Bienaventuranza: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados (Mt 5, 5).

ACTUAR:

¿Vivo la Pascua como “lo de todos los años”? ¿Qué situaciones de lágrimas, muerte, luto, dolor… descubro a mi alrededor? ¿Me siento en camino hacia el cielo nuevo y la tierra nueva? ¿Cómo lo manifiesto? ¿Qué me cuesta más a la hora de cumplir el mandamiento nuevo de Jesús?

En la oración sobre las ofrendas vamos a pedir que nuestra vida sea manifestación y testimonio de esta verdad que conocemos. Ojalá que ya desde ahora, de palabra y de obra, mostremos que la Pascua no es “lo de todos los años”, sino un caminar, personal y comunitario, animado por el amor, hacia el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios nos tiene preparados.

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