Sólo por amor
VER:
El diccionario define “amor” como sentimiento intenso del ser humano hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. El amor es pues uno de los sentimientos más fuertes que puede experimentar el ser humano, y uno de sus motores más poderosos. En sus diferentes manifestaciones, ya sea el amor entre esposos, entre padres e hijos, entre amigos… nos lleva a realizar actos más allá de lo que por nosotros solos seríamos capaces, nos hace capaces de una entrega y sacrificio superiores a lo humanamente esperable. Y todo, por amor.
JUZGAR:
En Pascua estamos celebrando que por amor a nosotros, Dios nos Creó, se Encarnó, Padeció, Murió y Resucitó, dándonos así la posibilidad de participar de su misma vida, de su mismo Amor.
Y en este tercer Domingo de Pascua, ante ese derroche de amor por parte de Dios, el Señor nos pregunta a cada uno, como a Pedro: ¿me amas? Dios nos ama incondicionalmente, no puede dejar de amarnos; y nosotros debemos responder, positiva o negativamente, a su amor. Y si nuestra respuesta es positiva, si como Pedro le respondemos: Sí, Señor, tú sabes que te quiero, deberemos también corresponder al Señor, manifestar y mostrar simplemente “por amor”: no hay otra razón.
Por amor, podremos reconocerle en medio de nuestros quehaceres cotidianos, como aquel discípulo que Jesús tanto quería; aunque otros, como les pasó a los discípulos, no lo reconozcan, nosotros podremos decir con seguridad: Es el Señor.
Por amor, como Pedro, dejaremos nuestros intereses, nuestras ocupaciones… para ir al encuentro del Señor, para participar en la comida que Él nos prepara cada vez que celebramos la Eucaristía.
Por amor, nos decidiremos, como Pedro, a “apacentar sus ovejas”, a ejercer nuestra corresponsabilidad en la misión evangelizadora de la Iglesia, aunque eso nos suponga renuncias, aunque otros “nos lleven adonde no queremos”.
Por amor, daremos testimonio de nuestra fe en Él, como hemos escuchado en la 1ª lectura que hicieron los Apóstoles, ya sea de palabra o de obra, porque por amor hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Por amor incluso soportaremos, como ellos, la oposición, las críticas, las burlas, los enfrentamientos… por el nombre de Jesús.
En definitiva, por amor responderemos a su invitación, la misma que hizo a Pedro: Sígueme. Y seguirle conlleva hacer nuestras sus actitudes los valores del Reino tal como Él lo anunció, y estar dispuestos a negarnos a nosotros mismos y a cargar con la cruz, como Él, por amor.
ACTUAR:
¿Estoy o he estado enamorado? ¿Qué cosas he hecho o hago por amor? ¿Experimento en mi vida que Dios me ama? ¿Estoy enamorado de Jesús? ¿Qué estoy dispuesto a hacer por amor, para apacentar sus ovejas? Y lo que ya estoy realizando como seguidor suyo, ¿tiene como base y como motor el amor a Él?
Como nos indica el Papa Benedicto XVI en su encíclica “Dios es amor” (1): No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (…) Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.
Como dice un refrán: Amor con amor se paga. Por eso, por amor y sólo por amor a Aquél que tanto nos ama, respondamos afirmativamente a su invitación a seguirle, a apacentar sus ovejas. Como dice Benedicto XVI (39): La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz —en el fondo la única— que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar.