Reanimados, renacidos, renovados
VER:
En varias ocasiones algunas personas se quejan de que en lo referente a la fe se emplean palabras y términos que resultan extraños al vocabulario habitual de la gente, y por eso no se comprenden si no se explican (por ejemplo, mistagogía, kerigma, parusía, eucología…). Es cierto, pero también es verdad que otras muchas veces, escuchamos o decimos palabras que son tan conocidas que nos quedamos en su significado inmediato pero ya no caemos en la cuenta del significado profundo que encierran, ni de lo que estamos diciendo o se nos está diciendo cuando se utilizan.
JUZGAR:
Una de esas palabras “raras” que hemos nombrado es eucología, que deriva del griego y es el conjunto de las oraciones de un libro litúrgico o de una celebración, las oraciones que nosotros dirigimos a Dios en la Eucaristía. Y en los textos eucológicos de este Segundo Domingo de Pascua nos encontramos con unas palabras muy conocidas, pero en las que conviene detenerse y profundizar, porque nos ayudan a entender mejor lo que estamos celebrando. Y por eso se utilizan.
En la oración colecta hemos dicho: Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo… el espíritu que nos ha hecho renacer… Y en la oración sobre las ofrendas diremos: haz que, renovados por la fe y el bautismo… Vamos a utilizar la gramática, que estudia los elementos de una lengua así como la forma en que estos se organizan y se combinan, y el Diccionario de la Real Academia, para fijarnos en estas tres palabras: reanimar, renacer, renovar.
Lo primero es que todas ellas empiezan por el prefijo “re-”, que significa repetición, intensificación. Y teniendo esto presente, entre otras acepciones:
Reanimar significa confortar, dar vigor, restablecer las fuerzas, y también infundir ánimo y valor a quien está abatido.
Renacer significa volver a nacer y también adquirir por el bautismo una nueva vida espiritual.
Renovar significa hacer como de nuevo algo, restablecer o reanudar una relación u otra cosa que se había interrumpido y también dar nueva energía a algo, transformarlo.
Teniendo presente el significado profundo de estas palabras, recordemos ahora el texto evangélico que hemos proclamado, ese doble encuentro con Jesús Resucitado, primero al anochecer de aquel día, y luego a los ocho días. Los discípulos están con las puertas cerradas por miedo a los judíos, pero la aparición del Señor Resucitado les reanima, les infunde ánimo y valor. También les renueva, porque se reanuda la relación que creían interrumpida con Jesús, y les da nueva energía, les transforma en testigos: Hemos visto al Señor. Y se sienten renacer, porque por el encuentro con Jesús han iniciado una nueva vida espiritual.
ACTUAR:
Nosotros también hoy nos hemos reunido a los ocho días del Domingo de Resurrección. ¿Qué repercusiones ha tenido en nuestra vida? ¿Estamos “cerrados” en nosotros mismos o en nuestro círculo de iguales, sentimos miedo a manifestar públicamente nuestra fe? ¿Quizá no acabamos de creer, como Tomás? ¿O nos vamos sintiendo de algún modo reanimados, renovados, renacidos?
A menudo, en las celebraciones litúrgicas, no prestamos atención a los textos eucológicos, y éstos encierran un significado profundo que necesitamos comprender porque expresan el significado de lo que celebramos y nuestro sentir como comunidad de creyentes. En la oración después de la comunión pediremos que la fuerza del sacramento pascual que hemos recibido persevere siempre en nosotros. Hagamos nuestra esta petición, vivamos la Eucaristía como un verdadero y real encuentro con Jesús Resucitado para sentirnos reanimados, renovados, renacidos, para sentirnos dichosos aunque no hayamos visto, para poder ser testigos creíbles de que Cristo verdaderamente ha resucitado, porque como decía san Juan al final del Evangelio, tenemos vida en su nombre.