Reciclar la basura
VER:
Uno de los conceptos que desde hace unos años se ha incorporado a nuestra vida cotidiana es “reciclar”. Hasta hace poco, en nuestros hogares había un cubo de basura, al que tirábamos todo tipo de residuos y desperdicios. Pero a medida que fue creciendo la conciencia ecológica, se nos hizo ver la necesidad de reciclar, que es someter un material usado a un proceso para que se pueda volver a utilizar. Y por eso ahora normalmente del conjunto de la basura separamos el papel y cartón por una parte, el vidrio por otra, y el plástico, los envases tetra brik y las latas por otra. De este modo, ahora sólo deberíamos llamar “basura” a los residuos orgánicos, porque todo lo demás no son desperdicios: se puede reciclar y por tanto volver a utilizar.
JUZGAR:
En la 2ª lectura, san Pablo ha hecho una afirmación muy tajante: todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir con él. Es cierto que no hay nada comparable a Cristo, y en este sentido, utilizando una hipérbole, todo lo demás podría considerarse como “basura”. Pero no es que san Pablo desprecie y rechace absolutamente todo; para él, sólo lo que no le ayuda a estar más cerca de Cristo y a conocerlo a Él es lo que no le sirve, lo considera un desperdicio y por eso en este sentido lo llama basura.
El tiempo de Cuaresma, que está llegando a su fin, nos debe haber ayudado también a distinguir en nuestra vida lo que es “basura” en el sentido que le da san Pablo, de lo que no lo es. Tenemos que aprender a separar, a reciclar, para quedarnos con lo que nos ayuda y desechar lo que nos estorba.
Y para eso, en el Evangelio Jesús nos ha dado una lección de “reciclaje”. Hemos escuchado que los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio. Para ellos, esta mujer es “basura”, totalmente despreciable, sólo merece la muerte: la ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras.
Pero Jesús no ve que en ella todo es basura. Jesús no niega que ella ha pecado, pero Él distingue entre el pecado y el pecador. Y para que los letrados y fariseos aprendan esta lección, les dijo: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. Y ellos, al oírlo, se fueron escabullendo… porque a poco sinceros que seamos con nosotros mismos, sabemos que acumulamos pecado, basura, y que también quisiéramos ser reciclados en lugar de ser totalmente rechazados.
El pecado es despreciable, “basura”, pero el pecador no: el pecador puede ser “reciclado”, puede seguir un proceso que le devuelva a la senda del bien. Y ese proceso sólo es posible por el encuentro con Cristo, porque como dice el Papa Francisco en la convocatoria del Año de la Misericordia (8): Su persona no es otra cosa sino amor. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión. (9) La misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón. Como la mujer adúltera, necesitamos acercarnos a Cristo para que nos recicle, para que separe de nosotros la basura, y escuchar que nos dice: Anda, y en adelante no peques más.
ACTUAR:
¿Suelo reciclar en mi casa, o todo lo echo al mismo cubo de basura? ¿Soy consciente del beneficio de reciclar? ¿Sé distinguir, en el sentido que lo dice san Pablo, lo que en mi vida es basura, de lo que no lo es? ¿Sé distinguir entre pecado y pecador? ¿Con qué frecuencia me acerco a Cristo en la confesión para dejar que me recicle? ¿Es para mí un encuentro con su amor y misericordia?
Del mismo modo que hemos incorporado a nuestra vida cotidiana el concepto de reciclar, hagámoslo también en nuestra espiritualidad. Distingamos en nosotros mismos y en los demás entre el pecado y el pecador, y recordemos que el pecado es “basura”, pero el pecador no, y que como pecadores podemos ser reciclados por el Señor si nos acercamos a Él. Como dice el Papa (19): La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente. Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón, y sentir que nos dice, como a la mujer adúltera: Anda, y en adelante, no peques más.