Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía V del TO-V

Por la gracia de Dios

 Descargar homilía

VER:

Comentando lo engorroso de las pequeñas reparaciones que hay que realizar en los hogares, una persona dijo a otra que en su familia de ese tema se encargaba su hermano “porque tiene gracia para esas cosas”, queriendo decir que tenía habilidad y soltura para el bricolaje. A menudo empleamos la palabra “gracia” no como algo capaz de hacernos reír, sino en otros sentidos: habilidad, atractivo independiente de la hermosura de las facciones, don o favor que se hace sin merecimiento, concesión gratuita… Incluso algunos jefes de estado y gobernantes afirmaban que lo eran “por la gracia de Dios”.

JUZGAR:

En la 2ª lectura, san Pablo ha dicho: por la gracia de Dios soy lo que soy. Pero no lo dice como algo de lo que presumir; San Pablo es muy consciente de que no puede alegar méritos que humanamente justifiquen su ser Apóstol no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Incluso describe su encuentro con Cristo Resucitado de un modo muy gráfico: por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Pero desde esa conciencia puede afirmar: por la gracia de Dios soy lo que soy.

Esta experiencia de San Pablo nos invita a reflexionar acerca de la gracia de Dios. En general, la gracia es un favor sobrenatural y gratuito que Dios concede a alguien. Pero como dice el Catecismo: La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada (1996). Más aún, es una participación en la vida de Dios (1997).

Y este auxilio, esta participación en su misma vida, Dios nos la ha dado en Jesús, Él es la gracia que Dios entrega al mundo. Como afirmó San Pablo en la carta a Tito: ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres (Tit 2, 11).

Y esa gracia de Dios, manifestada en Jesucristo, se sigue haciendo presente gracias al Espíritu Santo. De hecho, la gracia es, ante todo y principalmente, el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica. La gracia comprende también los dones que el Espíritu Santo nos concede para asociarnos a su obra, para hacernos capaces de colaborar en la salvación de los otros y en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia (2003).

Por eso San Pablo también ha afirmado: y su gracia no se ha frustrado en mí. Como indica el Catecismo: la libre iniciativa de Dios exige la respuesta libre del hombre (2002). La gracia no es una realidad fija y estática, sino dinámica y puede crecer en nosotros, y también puede perderse por el pecado. Y además, la gracia no es algo que afecta sólo a la interioridad de cada uno; sigue diciendo San Pablo: he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. La gracia pone en marcha un proceso por el que nos ponemos al servicio de Dios y de su Reino, y la acción de la gracia se manifiesta en las obras de verdad, de justicia, de paz y de reconciliación que el creyente va llevando a cabo. La nueva vida, por acción de la gracia, tiene que hacerse visible en nuestro vivir cotidiano, y una síntesis de la manifestación de la acción de la gracia, tanto en su dimensión interior como en su proyección hacia los demás, son las obras de misericordia corporales y espirituales.

ACTUAR:

¿Había reflexionado alguna vez acerca de la gracia de Dios? ¿Soy consciente de que Dios ha derramado su gracia en mí? ¿Qué acciones de la gracia percibo en mi vida? ¿Y qué manifestaciones de esa gracia proyecto sobre los demás? ¿Llevo a la práctica las obras de misericordia?

La gracia es una prueba más del inmenso amor de Dios hacia nosotros, de un modo totalmente inmerecido, y en Jesucristo tenemos la mayor manifestación de esa gracia. Y el Señor nos llama también a nosotros, como a Isaías en la 1ª lectura, como a Pedro en el Evangelio, para ponernos al servicio del Reino de Dios. Quizá ante su llamada digamos como Isaías: ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros… O como Pedro: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Pero debemos recordar que no nos llama por nuestros méritos y capacidades, sino por pura gracia. Respondámosle con humildad pero con decisión, como Isaías: Aquí estoy, mándame. Por su palabra, seamos pescadores de hombres y echemos las redes. Y ojalá, practicando las obras de misericordia, podamos decir como san Pablo: Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí.

Los comentarios están cerrados.