Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Epifanía del Señor – C

No es una estrella cualquiera

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VER:

Cuando me disponía a montar el Belén, vi que la estrella se había roto. Era la típica estrella de Navidad, plana y con una estela detrás. Fui a comprar una nueva y me llevé la sorpresa de ver que no encontraba ese modelo de estrella. Recorrí bastantes tiendas y bazares, y tenían estrellas con volumen, o hechas de alambre decorativo, o para poner en la punta del árbol de Navidad… pero no quería ninguno de esos modelos para mi Belén, no me servía cualquier estrella, tenía que ser ese tipo de estrella en concreto. Al final, en unos grandes almacenes encontré lo que quería. La vendedora me dijo que tenían ese modelo porque les había sobrado de otros años, ya que la moda de ahora es poner otro tipo de estrellas. Pero aunque estuviesen de moda, a mí no me servían.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la fiesta de la Epifanía del Señor, su manifestación a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente. Y hoy, una estrella tiene un protagonismo especial. En el cielo se ven muchas estrellas, pero ésta no es una estrella cualquiera, ha sido enviada por Dios:

Es la que puso en marcha a los Magos: hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.

Y no sólo les puso en marcha, sino que les conduce hasta el encuentro con el Niño: la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Es una estrella que provoca en ellos un sentimiento: Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría.

En este tiempo de Navidad, la fiesta de hoy nos invita a buscar una estrella, que no es una estrella cualquiera. Si nos detenemos a pensar, nosotros estamos rodeados de estrellas de muchos tipos; aparte de las que podemos ver en el cielo, tenemos “estrellas” del cine, del teatro, de la televisión, de la canción, del deporte… que a lo mejor pueden estar de moda durante un tiempo. También se nos venden diferentes “productos estrella” para mejorar nuestra vida…

Pero ante estas estrellas, humanas o artificiales, tenemos que preguntarnos: ¿Son un verdadero motor para mi vida? ¿Me conducen hacia la meta que deseo, o siento que no avanzo? ¿Qué sentimientos provocan en mí? Y quizá nos demos cuenta de que, aunque de algún modo respondamos afirmativamente a estas preguntas, queda en nosotros un resto de insatisfacción, de vacío… Y descubrimos que esas estrellas no son suficientes, que en realidad no nos sirven aunque en un momento dado “estén de moda”, que para dar un verdadero sentido y orientación a nuestra vida lo que necesitamos no es una estrella cualquiera, sino la estrella que Dios nos envía, como a los Magos.

ACTUAR:

El tiempo de Navidad está llegando a su fin, terminará el próximo domingo con la fiesta del Bautismo del Señor, y en esta fiesta de la Epifanía se nos invita a reflexionar si también hemos descubierto en el firmamento de nuestra vida la estrella de Dios: ¿ha habido algo, o alguien, que ha “brillado” de un modo especial porque he descubierto que es un signo de Dios? ¿Me ha puesto en marcha, incluso ha llegado a convertirse en el motor de mi vida? ¿Noto que dirige mi vida hacia la meta que deseo, el encuentro con Dios? ¿Esa estrella provoca en mí un sentimiento de alegría, a pesar de cansancios y dificultades?

Ojalá podamos responder afirmativamente a estas preguntas, porque eso significará que entre tantas estrellas que pueblan el firmamento de nuestra vida, hemos descubierto una que no es una estrella cualquiera: como los Magos, habremos descubierto la estrella de Dios.

Y si ha sido así, aprendamos de ellos, que se marcharon a su tierra por otro camino. La Navidad no termina ni hoy ni dentro de unos días, la Navidad debe ser el comienzo de un nuevo discurrir de nuestra vida: un nuevo objetivo, un nuevo estilo, unos nuevos valores, unos nuevos criterios… dejándonos guiar por esa estrella que, si la seguimos, nos llevará al encuentro definitivo con Dios.

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