Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Navidad-C

Recuperar la Navidad

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Uno de las razones por las que muchas personas no soportan la Navidad, aparte del consumismo desaforado, es la excesiva carga de sensiblería y edulcoramiento con que la hemos rodeado. Los adornos, villancicos, publicidad, programas de televisión, películas… todo aparece impregnado de un sentimentalismo dulzón. Los mismos belenes recrean una imagen bucólica e idealizada, y por lo tanto también irreal, de la época y la tierra donde nació Jesús. No es de extrañar por tanto que muchas personas, ante la realidad de la vida que, como sabemos, bastantes veces se presenta muy dura, rechacen frontalmente la fiesta de navidad y estén deseando que pasen pronto estos días.

JUZGAR:

Comenzábamos el Adviento con la intención de recuperar la Navidad. Y los diferentes Evangelios que la liturgia nos propone para hoy nos ayudan a mirar la Navidad con realismo, sin sensiblerías ni edulcoramientos, para ser más conscientes de la grandeza que supone la Encarnación de Dios en nuestro mundo, lo que significa que Dios se haya hecho hombre y haya querido vivir una vida como la nuestra, pobre entre los pobres, para así descubrir lo que es y significa de verdad la Navidad.

Así, en la Misa de la Vigilia, la tarde del 24, se lee la genealogía de Jesús, según san Mateo. Una genealogía que no refleja una “familia perfecta”, sino que junto con personajes santos también se encuentran otros pecadores con actuaciones poco ejemplares.

A continuación escuchamos la reacción de José, al creer en un primer momento que María le había sido infiel, y también podemos imaginar los malos momentos que tuvieron que pasar por ello.

En la Misa de Medianoche, San Lucas nos ha narrado el viaje que José y María tuvieron que realizar desde Nazaret a Belén para inscribirse en el censo. Podemos imaginar las penalidades del viaje, ya de por sí duro, pero aún peor con María en avanzado estado de gestación; podemos imaginar la angustia que sufrieron al descubrir que le llegaba el momento del parto y que no tenían un lugar digno donde refugiarse. Podemos imaginar lo solos que se sintieron en esos momentos.

Pensemos detenidamente en lo que es un establo: olores, suciedad, insectos, alimañas, frío, total falta de higiene… Y allí fue donde María dio a luz a Jesús y lo tuvo que acostar en un pesebre, utilizando para ello la paja, que no estaría muy limpia, destinada a los animales.

En la Misa de la Aurora, san Lucas nos narra la visita de los pastores. También de los pastores hemos hecho una imagen bucólica, pero en aquella época se sabe que eran gente bastante mal considerada en aquella sociedad, pues se les consideraban como pecadores. Y es esta gente quienes primero se presentan ante María y José, a adorar al Niño.

Y en la Misa del Día, en el prólogo de su Evangelio, san Juan nos indica que la Palabra, que era Dios, la luz verdadera que alumbra a todo hombre, vino a su casa y los suyos no la recibieron. Así pues, en esas duras circunstancias, en esa dura realidad, como la de tantas personas entonces y ahora, Dios quiso que tuviera lugar el nacimiento de su Hijo hecho hombre, en absoluta pobreza, pequeñez y humildad. Y eso es lo que hoy estamos celebrando, eso es y significa la Navidad.

Después de leer lo que nos dicen los Evangelios, no es posible mantener una imagen edulcorada y sensiblera de la Navidad. El nacimiento del Hijo de Dios no fue algo bonito y entrañable, fue un nacimiento duro, difícil, y en circunstancias muy adversas. Y eso es lo que nos permite recuperar la Navidad, y dar gracias a Dios, y adorarle porque haya querido nacer así, pequeño y pobre, para enriquecernos con su pobreza (2 Cor 8, 9), porque así es como Él puede llegar a todos: desde abajo.

ACTUAR:

No nos dejemos despistar con esa navidad (con minúscula) sensiblera y edulcorada. Tampoco rechacemos frontalmente la Navidad debido a esa visión idealizada e irreal. Contemplemos el Misterio del Dios hecho hombre con todo su realismo, con toda su dureza y por eso mismo con toda su grandeza. Recuperemos la verdadera Navidad y, como los pastores, demos gloria y alabanza a Dios; y como María, conservemos todas estas cosas, meditándolas en nuestro corazón, para poder vivir y desearnos, con realismo y convencimiento, una feliz Navidad.

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