Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía III de Adviento – C

Gaudete

 Descargar homilía

VER:

Hace unos domingos se celebró un maratón en mi ciudad. Los días previos al mismo, en los comercios del centro, por cada compra repartían unas pulseras y unos pequeños cencerros “para animar a los que corren”. Y también, en las pancartas que se pusieron a lo largo del recorrido, se animaba la participación ciudadana con la frase: “Corre a animar”. En competiciones deportivas, ya sea en grandes encuentros o en un plano más cercano y familiar, se agradece mucho que se infunda ánimo a quien está realizando la prueba, para que pueda llegar a la meta deseada.

JUZGAR:

Estamos a la mitad de tiempo de Adviento, este tiempo de preparación a la fiesta de Navidad, y hoy la liturgia también nos ofrece una palabra de ánimo. Este domingo recibe el nombre de “Gaudete”, palabra latina tomada del fragmento de la carta a los Filipenses que acabamos de escuchar y que se traduce como: Estad alegres.

En este cambio de época que estamos viviendo, con tantas incertidumbres e inseguridades, incluso amenazas, que nos acechan, hoy la Palabra de Dios nos dirige esta llamada, este ánimo no sólo a la esperanza, sino más aún, a la alegría. Una alegría que tiene un motivo, como también ha recordado san Pablo: El Señor está cerca.

En la oración colecta hemos pedido: concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. La Navidad es fiesta de gozo porque marca el comienzo de nuestra salvación, que culminará con la muerte y resurrección de Cristo. Por este motivo, aunque las circunstancias personales, laborales, políticas, económicas, sociales… sean difíciles y dolorosas, debemos celebrar la Navidad con alegría, y por eso este Domingo Gaudete nos anima a anticipar dicha alegría que, como hemos pedido, desbordará a partir de la Nochebuena.

Pero surge inevitablemente una pregunta: ¿De verdad podemos estar alegres? Aunque nosotros personalmente estemos bien, ¿podemos estar alegres mientras hay tanto dolor y sufrimiento a nuestro alrededor y en nuestro mundo? El Papa Pablo VI, en su exhortación apostólica sobre la alegría cristiana, titulada Gaudete in Domino, “Alegraos en el Señor”, indica: esta situación no debería impedirnos hablar de la alegría, esperar la alegría. Es precisamente en medio de sus dificultades cuando nuestros contemporáneos tienen necesidad de conocer la alegría, de escuchar su canto. Compartimos profundamente la pena de aquellos sobre quienes la miseria y los sufrimientos de toda clase arrojan un velo de tristeza. Pensamos de modo especial en aquellos que se encuentran sin recursos, sin ayuda, sin amistad, que ven sus esperanzas humanas desvanecidas. Ellos están presentes más que nunca en nuestras oraciones y en nuestro afecto.

La alegría desbordante no significa una alegría estruendosa, egoísta, que no tiene en cuenta el sufrimiento de los demás. Como indicaba san Pablo: Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. Debemos estar alegres pero con moderación, con respeto. Por tanto, hacemos nuestra la pregunta que en el Evangelio hemos escuchado que diferentes colectivos de gente han dirigido a Juan el Bautista: ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos para estar alegres y comunicar esa alegría desde la mesura?

Juan Bautista da una serie de indicaciones, que cada uno tendremos que aplicar a nuestra vida y a nuestras circunstancias: cómo ser de verdad generosos y compartir nuestros bienes y capacidades, cómo realizar mejor nuestro trabajo, sea el que sea, qué personas necesitan nuestra cercanía…

ACTUAR:

¿Encuentro motivos para la alegría, o necesito que me animen? ¿Ser cristiano es para mí una fuente de alegría? ¿Experimento la cercanía del Señor? ¿Qué hago para comunicar la alegría cristiana?

En mitad del Adviento, como a los corredores de un maratón, necesitamos animarnos unos a otros para no olvidar la fuente y el motivo para estar alegres, y alcanzar la meta: El Señor está cerca.

Como dijo el Papa Benedicto XVI comentando las palabras de San Pablo: Aquí vemos el motivo por el cual san Pablo en todos sus sufrimientos, en todas sus tribulaciones, sólo podía decir a los demás gaudete, estad alegres. Si el amado, el amor, el mayor don de mi vida, está cerca de mí; si estoy convencido de que aquel que me ama está cerca de mí, incluso en las situaciones de tribulación, en lo hondo del corazón reina una alegría que es mayor que todos los sufrimientos.

Los comentarios están cerrados.