Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXXII del TO-B

Comunicación Cristiana de Bienes

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Hace muchos años, antes de entrar en el Seminario, solía pasar la bandeja para la colecta durante la Eucaristía dominical en mi parroquia. Un domingo, al acercarme a una persona, me dijo en voz baja: “Voy a coger cambio”; y dejó una moneda de 100 pts. y cogió 80 pts. Me quedé muy sorprendido, para mal, porque conocía a esa persona y sabía que no tenía dificultades económicas, y no entendía que racanease de ese modo con su parroquia.

JUZGAR:

El Papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma 2014, denunciaba la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica, y decía tajantemente: Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele. Y en el Evangelio, tras contemplar la ofrenda de la viuda, Jesús ha afirmado: esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. Pero va más allá de lo económico.

En el Itinerario Formativo para las Cáritas Parroquiales “Un mismo pensar, un mismo sentir”, el libro 5 está dedicado a La comunicación cristiana de bienes; y comentando este pasaje del Evangelio, señala: Jesús nos fija la atención en esta mujer, nos sorprende su “darse” en esas dos monedas. Jesús no la presenta como modelo moral para que hagamos lo mismo, sino como la imagen de una cuestión fundamental en nuestra vida: ¿cuánto nos arriesgamos a compartir de nosotros mismos?

A todos se nos han dado capacidades, talentos, bienes, cualidades…, no para nuestro exclusivo provecho personal, sino para que los compartamos y den fruto para bien de todos. Somos inmensamente ricos cuando en medio de nuestras pobrezas somos capaces de arriesgarnos y ponernos en juego, de ofrecernos a nosotros mismos… aunque nos cueste, aunque nos duela.

Jesús nos invita a descubrir la riqueza de la generosidad. En la viuda se produce el milagro de las manos vacías. En medio de su pobreza es generosa. Su pobreza no le imposibilita la generosidad. El desprendimiento de la viuda pobre, que da lo que necesita para vivir, quiere llamarnos la atención y llevarnos al interior de nosotros mismos para plantearnos este interrogante: ¿Estamos poniendo en riesgo nuestra vida? ¿Nos “damos” con generosidad, o estamos dando “de lo que nos sobra”?

La comunicación cristiana de bienes no es una transacción de recursos materiales sino de generosidades. Somos seres sociales, relacionales. Somos en la medida en que nos responsabilizamos del otro. Soy más en la medida en que me doy más.

Cuando somos rácanos, no sólo en lo económico sino en compartir nuestro tiempo, nuestras capacidades, talentos, etc., Jesús nos sitúa en lo que significa superar el límite. El estilo de Cristo es amar sin medida, y así desborda nuestros límites. El discípulo de Cristo no da limosna para acumular días de indulgencia, menos aún para tranquilizar su conciencia; comparte porque descubre y experimenta la incondicionalidad de Dios para con él en su vida.

Lo verdaderamente cristiano no es el acto de dar, sino la actitud de la propia donación. Todos sabemos que cuando “algo” es importante para nuestra vida, nada nos parece demasiado, metemos horas, dinero… Aquí es donde se pone en evidencia lo que realmente nos importa y hasta dónde. Pues la Palabra de Dios hoy nos invita a evaluar nuestro sentido de la Comunicación Cristiana de Bienes (no sólo el dinero), evaluar si estamos siendo generosos, o estamos dando “calderilla”.

ACTUAR:

¿A qué actividades, aficiones, etc., no les escatimo tiempo, esfuerzo, recursos…? ¿Por qué? ¿He pensado alguna vez en el sentido de la comunicación cristiana de bienes? ¿Qué pienso sobre “la limosna que no duele”? ¿Estoy dispuesto no sólo a dar, sino a “darme” generosamente, para colaborar en la construcción del Reino de Dios?

El estilo de Cristo, de Dios, es amar sin medida. Así nos ama, hasta el extremo. Seamos generosos, como la viuda que acogió a Elías y la del Evangelio, no demos “de lo que nos sobra” sino démonos, demos nuestra vida y con amor, porque cuanto más generosos seamos, tanto más cerca estaremos de Dios.

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