Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de Todos los Santos – B

Intercesión

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VER:

En una reunión de un Equipo de Animación Litúrgica, con el fin de preparar la celebración que hoy celebramos, pedí a los miembros del Equipo que indicasen con sus palabras cuál era el sentido de la fiesta de Todos los Santos. Las respuestas indicaban, en primer lugar, que en este día se les da más importancia a los difuntos que a los santos, y es difícil cambiar la costumbre. Pero lo que hoy debemos tener presente es que todos estamos llamados a la santidad, y hoy especialmente celebramos a los que han sido verdaderos seguidores de Cristo, sobre todo a los que no han sido canonizados. Y lo hacemos porque creemos en la Comunión de los Santos, como afirmamos en el Credo, y en la intercesión mutua entre ellos y nosotros, porque no hay división entre “dos vidas”, la terrestre y la celestial.

JUZGAR:

Hoy, por tanto, celebramos a esa muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, que refería la 1ª lectura y que, como diremos en el Prefacio, constituyen la asamblea festiva de todos los Santos, nuestros hermanos. Y además, en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad. De hecho, en la oración colecta hemos pedido: concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón; y en la oración sobre las ofrendas pediremos que sintamos interceder por nuestra salvación a todos aquellos que ya gozan de la gloria de la inmortalidad.

Interceder es hablar en favor de alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal. Nosotros sabemos que nuestro gran intercesor ante el Padre es Cristo: por su muerte y resurrección, su mediación es única, absoluta. Pero tras la llegada del Espíritu Santo, su Iglesia, unida a Él, asume esa tarea de intercesión por el mundo entero, porque mucha gente jamás le pedirá nada a Cristo aunque esté pasando situaciones difíciles, bien porque no le conocen, o porque no creen en Él, o porque no saben orar.

Pero como Iglesia no sólo intercedemos por nuestro mundo. Decía la 2ª lectura que somos hijos de Dios, y todos los hijos formamos un Cuerpo cuya Cabeza es Cristo. Y del mismo modo que en un cuerpo los miembros están unidos unos a otros, en este Cuerpo que somos la Iglesia todos los que forman parte de ella están íntimamente unidos entre sí que dan lugar a lo que llamamos la “Comunión de los Santos”, de modo que los bienes y méritos de cada uno repercute en todos los demás miembros, estén en el cielo o estemos en la tierra.

Como indica el Diccionario de Espiritualidad: la unión de los peregrinantes con los hermanos muertos en la paz de Cristo no queda deteriorada en ningún momento, sino que, según la fe permanente de la Iglesia, queda fortalecida por la comunicación de bienes espirituales. A causa realmente de su más íntima unión con Cristo, los bienaventurados consolidan a toda la Iglesia en la santidad. Por esta Comunión de los Santos, hoy no es un día de tristeza y añoranza, sino de alegría.

ACTUAR:

¿Qué sentimiento predomina en mí al llegar el día de hoy? ¿Tengo más presentes a los difuntos, o a los Santos? ¿Me siento llamado a la santidad? ¿Qué lugar ocupa en mi oración la intercesión? ¿Me siento miembro, unido a otros, de un Cuerpo cuya Cabeza es Cristo? ¿Qué significa para mí la Comunión de los Santos? ¿Experimento su intercesión, la he pedido alguna vez?

Hoy es un día de fiesta porque como diremos en el Prefacio, contemplamos la asamblea festiva de todos los santos y hacia ella nos encaminamos alegres, guiados por la fe. Vivamos lo que indica el Diccionario de Espiritualidad: Fijando la vista en ellos, y sintiéndonos unidos a ellos, nos veremos inducidos a pensar en el más allá, en la vida que nos espera; aprenderemos de ellos cómo viviendo en las mismas circunstancias que ellos vivieron se puede realizar lo que Cristo nos ha enseñado. Pensando en ellos nos daremos cuenta más vivamente de que la Iglesia peregrinante, cada uno de nosotros, se encuentra en camino hacia la patria que ellos ya han conseguido; comprenderemos que nosotros y ellos constituimos una sola Iglesia, la misma Iglesia, el cuerpo místico de Cristo, aquella que en la plenitud de los tiempos se transformará y quedará iluminada con la luz que se deriva de la Cabeza, que es Cristo el Señor.

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