Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXVI del TO-B

Escándalos y escandalosos

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VER:

Si echamos una mirada superficial a nuestro entorno, podríamos pensar que una característica de esta época son los escándalos, porque vivimos rodeados de ellos. Según el Diccionario, escándalo es una acción o palabra que es causa de que alguien obre mal o piense mal de otra persona; alboroto, tumulto, ruido; desenfreno, desvergüenza; mal ejemplo… Y no hace falta buscar mucho para encontrarnos con ejemplos concretos, desde el alboroto, griterío y ruido que tristemente tanto abundan en nuestros pueblos y ciudades, pasando por programas basura, por noticias referentes a personajes del mundo del espectáculo o del deporte, hasta los grandes escándalos políticos o financieros que llenan los titulares de los medios de comunicación. Y algo que debemos tener presente es que “el escándalo” no existe por sí mismo: si hay escándalos es porque hay gente “escandalosa”, personas que con sus acciones y comportamientos causan y mantienen esos escándalos.

JUZGAR:

Hoy la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre el escándalo y sobre los “escandalosos”. Así, en la 2ª lectura hemos escuchado la denuncia que el apóstol Santiago hace sobre el escándalo que suponen las desigualdades económicas y los abusos y explotación cometidos por los poderosos: Habéis vivido con lujo y entregados al placer… Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados… También en el Evangelio Jesús reprende a todo aquél que escandalice a uno de estos pequeños que creen. No se deben tolerar los escándalos.

Unos escándalos que tienen unas graves consecuencias, no sólo para quienes los sufren (los obreros que han cosechado vuestros campos, los segadores, los pequeños que creen), sino para quienes causan esos escándalos. Así lo dice Santiago: será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego… El jornal defraudado a los obreros está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los Ejércitos… Y termina afirmando con dureza: Os habéis cebado para el día de la matanza.

Y también Jesús en el Evangelio advierte con claridad y dureza: El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

Y Jesús nos advierte que no debemos caer en el error de pensar que los escándalos los causan “los otros”. También nosotros podemos ser “escandalosos”, por eso Jesús nos invita a revisarnos con claridad y actuar con determinación para evitar causar escándalo: Si tu mano te hace caer, córtatela… Y si tu pie te hace caer, córtatelo… Y su tu ojo te hace caer, sácatelo… Porque las consecuencias serán muy diferentes si dejamos de ser “escandalosos” que si no ponemos remedio: más te vale entrar manco en la Vida que ir con las dos manos al abismo… más te vale entrar cojo en la Vida que ser echado con los dos pies al abismo… más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos…

Para que no haya escándalos y provoquen consecuencias negativas en las personas, primero debemos evitar ser nosotros mismos “escandalosos”, y después, apoyar las iniciativas que trabajan para destapar y denunciar escándalos, abusos y corrupciones, aunque quienes lo denuncian no sean de los nuestros, porque como ha dicho Jesús en el Evangelio: El que no está contra nosotros está a favor nuestro, y todo el que lucha contra el escándalo está a favor nuestro, está a favor de Jesús.

ACTUAR:

¿Qué escándalos me molestan más o me provocan mayor rechazo? ¿Soy “escandaloso” en algún sentido? Si tengo personas empleadas, ¿las exploto o les doy un salario justo y unas condiciones de trabajo dignas? ¿Qué actitudes, comportamientos, ideas, sentimientos… me hacen o pueden hacerme caer? ¿Estoy decidido a cortarlos de raíz? ¿Tengo presentes las consecuencias, para mí y para otros, de ser “escandaloso” o de no serlo?

El Papa Francisco ha denunciado en repetidas ocasiones lo que él denomina “la globalización de la indiferencia”. No nos volvamos indiferentes ante los escándalos ni ante el hecho de ser nosotros mismos “escandalosos”; ojalá nunca se nos pueda aplicar lo que decía el apóstol Santiago. Denunciemos los escándalos, vengan de donde vengan, y estemos atentos a nuestro propio comportamiento, corrigiendo y cortando lo que sea necesario, para no escandalizar ni causar daño a otros y así un día poder entrar en la Vida, en el Reino de Dios, al que todos estamos llamados.

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