Pasiones
VER:
Llevamos meses escuchando noticias sobre guerras, enfrentamientos, ataques terroristas… Ante tanta muerte, destrucción y sufrimiento, resulta difícil creer hasta qué punto llega la crueldad del ser humano, y nos preguntamos cómo es posible que eso esté sucediendo. Y a veces, no se sabe muy bien cómo se originaron esos conflictos ni, lo que es peor, tampoco se ve final para los mismos. Esa violencia y sufrimiento también se da en un plano más cercano a nosotros; recuerdo el caso de varios hermanos, todos “de Iglesia”, que riñeron entre ellos por cuestiones de herencia, hasta el punto de seguir todos yendo a la Iglesia pero sentándose separados unos de otros durante años. La gente que los conocía también se preguntaba cómo era posible que hubieran llegado a ese extremo. Y, si esto ocurre entre hermanos, y además cristianos, ¿cómo no va a ocurrir a niveles más altos?
JUZGAR:
Los grandes problemas mundiales nos superan y no está en nuestra mano solucionarlos, pero sí que está en nuestra mano, si de verdad queremos ser cristianos, poner remedio a esos conflictos que surgen en nuestro ámbito familiar, laboral, de amistades, etc. Y para ello, cuando se produzca algún conflicto, debemos preguntarnos cómo se ha llegado hasta ahí, qué lo ha podido provocar.
En este sentido, en la 2ª lectura, el apóstol Santiago nos ha dado algunas pistas: ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros cuerpos?
La palabra “pasión” tiene el significado de padecer, y también es el fuerte impulso hacia algo o hacia alguien. En el sentido que le da Santiago, se refiere al conjunto de tendencias, emociones, impulsos y estados de ánimo que afectan a una persona. Aunque normalmente las entendemos en sentido negativo, las pasiones no son necesariamente malas. De hecho, pueden ser el motor que nos lleva a la acción, al crecimiento, a la maduración. Lo malo es cuando la persona no es capaz de controlar esas pasiones, hasta el punto de llegar a dominar totalmente, para mal, sus pensamientos, palabras y acciones, produciéndose lo que sigue diciendo Santiago: Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra.
Y por supuesto, los cristianos también estamos expuestos a dejarnos arrastrar para mal, más o menos conscientemente, por nuestras pasiones, del tipo que sean, aunque pretendamos disimularlas bajo una apariencia religiosa. Como seguía diciendo Santiago: Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones. De hecho, como hemos escuchado en el Evangelio, eso les ocurrió a los Discípulos, que a pesar de estar junto a Jesús y de escuchar sus enseñanzas, también se dejan llevar por sus pasiones y por el camino habían discutido quién era el más importante.
Para evitar que nuestras pasiones “luchen en nuestros miembros” y hagan brotar guerras y contiendas entre nosotros, Jesús nos propone: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. No se trata de reprimir nuestras pasiones, está muy bien querer ser el primero, querer crecer, querer superarse… pero no imponiéndose a los demás mediante luchas, guerras y contiendas entre nosotros, sino encauzando esa pasión por el camino del servicio, de la entrega, para que se convierta en algo positivo y beneficioso para todos.
Quizá algunos entiendan este camino como algo propio de débiles, de personas sin carácter, de perdedores… Jesús tuvo esa misma experiencia: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán. Pero nos deja clara cuál es la meta final: y después de muerto, a los tres días resucitará.
ACTUAR:
¿Cuáles son mis pasiones? ¿Me ayudan a crecer y superarme, o me arrastran? ¿Me he enfrentado con alguien por querer “ser el primero” en algo? ¿Cómo evalúo mi actitud de servicio?
Como hemos dicho, no está en nuestras manos solucionar los grandes conflictos mundiales, pero sí que está en nuestra mano, si de verdad queremos ser cristianos, poner remedio a esos conflictos que surgen en nuestro ámbito familiar, laboral, de amistades, etc. Ser cristiano es seguir a Jesús, hacer nuestro su proyecto del Reino y sus mismas actitudes, y entre ellas está las del servicio y la entrega. Seamos los primeros en ellas, porque son el antídoto para que nuestras pasiones no sean ocasión de guerras y conflictos, sino que sean un motor de crecimiento y beneficio para todos.