Ni indiferencia, ni evasión, ni derrotismo
VER:
Desde hace años vamos viendo como el número de inmigrantes que huyen de sus países por diversas circunstancias va aumentando; y hemos podido comprobar cómo ese viaje que emprenden a menudo termina en tragedia. Ante una de estas tragedias, el Papa Francisco dijo: Dirijo un apremiante llamamiento para que la comunidad internacional actúe con decisión y rapidez, para evitar que similares tragedias se repitan. Son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestros que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras (19-IV-15). Pero la reacción de algunos a esta realidad y al llamamiento del Papa es la indiferencia, como mostraba una fotografía que recorrió todo el mundo hace años, en la que unos bañistas disfrutaban de la playa, a pocos metros del cadáver de un inmigrante ahogado. Otras veces nos evadimos diciendo que “eso han de arreglarlo los gobiernos”, pero también hemos podido comprobar que los países europeos no se ponen de acuerdo a la hora de abordar este problema, aduciendo razones unas veces de tipo político, y otras veces por pura cuestión económica (cuando ni siquiera se está entregando el prometido 0’7% del P.I.B). A los ciudadanos de a pie esta realidad nos duele, y quisiéramos hacer algo pero nos sentimos limitados e impotentes ante tan gran problema.
JUZGAR:
Frente al drama de la inmigración forzosa, y otros grandes problemas de nuestro mundo, la Palabra que hoy el Señor nos ha dirigido rebate completamente estas actitudes.
Para sacarnos de la indiferencia, Jesús nos cuestiona, como hizo con Felipe: ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos? Nos pone delante del problema, no podemos decir que no lo conocemos ni podemos evadirnos pensando que otros (gobierno, instituciones, personas…) lo solucionarán.
Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo. Felipe está pensando, como muchos en la actualidad, en el coste económico de “dar de comer a tanta gente”, en el coste económico de solucionar de verdad los problemas desde su raíz, en los países de origen.
La Palabra también nos muestra a quienes tienen buena voluntad pero se sienten limitados e impotentes: el criado de Eliseo (que al recibir veinte panes de cebada se pregunta: ¿Qué hago yo con esto para cien personas?) y Andrés (que con los cinco panes y dos peces se pregunta: ¿qué es eso para tantos?)
El profeta Eliseo había dicho: Esto dice el Señor: “Comerán y sobrará”. Y Jesús lleva a cumplimiento esta promesa de Dios con el signo de la multiplicación de los panes y los peces, y de este modo rebate tanto la indiferencia como la evasión como el derrotismo ante los problemas del mundo.
El signo de la multiplicación de los panes y los peces tiene un marcado carácter eucarístico, porque la Eucaristía es el momento en el que, por la presencia real de Cristo, desaparece nuestra indiferencia, nuestras excusas y nuestro sentimiento de impotencia ante la realidad del mundo. De ahí nació Manos Unidas, Cáritas… Donde nosotros no vemos posibilidades, la presencia de Jesús hace que descubramos capacidades de acción que no hubiéramos imaginado. Donde nosotros vemos pocos medios, la presencia de Jesús los multiplica y nos multiplica para que produzcamos frutos insospechados.
ACTUAR:
¿Cómo me afectan los grandes problemas de nuestro mundo? ¿Qué actitud adopto: la indiferencia, la evasión, el derrotismo, o la esperanza? ¿Pienso en el coste económico que supondría solucionar esos problemas, o miro ante todo a las personas? ¿Participo, colaboro en alguna asociación, como Manos Unidas, Cáritas y otras, para aportar soluciones desde el origen y la raíz del problema? ¿Experimento que la Eucaristía “me multiplica” y me hace ir más allá de lo que humanamente podría llegar?
El llamamiento del Papa es para todos: no sólo para los gobiernos, sino para todos, especialmente para quienes somos y formamos la Iglesia. Decía Jesús en el Evangelio: Que nada se desperdicie. Que nada ni nadie se desperdicie. Ante los graves problemas de nuestro mundo, Dios nos sigue diciendo: “Comerán y sobrará”. Por tanto, no desperdiciemos talentos, capacidades, bienes… porque todo lo que somos y tenemos, puesto en las manos de Dios, es útil y necesario. No nos dejemos caer en la indiferencia, en la evasión, en los cálculos ni en el derrotismo. Alimentados de la Eucaristía, podremos realizar hoy también los signos de Jesús para dar de comer a tantos hambrientos de todo tipo que pueblan nuestro mundo.