No nos lo hemos inventado
VER:
Cuando hay personas que, de un modo muy irreflexivo, dicen que Dios, la Iglesia, etc., es todo un invento humano, yo siempre respondo: “Si así fuera, puestos a inventar yo me habría buscado un Dios mucho más sencillo, y un Evangelio más cómodo de seguir”. Es cierto que a lo largo de su historia los hombres han hablado de Dios de maneras muy diferentes, pero el Dios en Quien creemos no es una invención humana: no es el “dios” entre otros “dioses” de los relatos primitivos; tampoco es el dios filosófico, fruto de la reflexión y razonamiento humano. Nosotros creemos en el Dios que se nos ha dado a conocer, que se nos ha revelado en la historia, y por su actuar en la historia sabemos quién es Dios.
JUZGAR:
Y hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Este misterio de fe es cuestionado porque para algunos es el resultado de especulaciones teológicas que llevaron a cabo en el pasado teólogos y monjes, pero que en realidad no aportan nada a la fe sencilla ni a la vida cristiana.
Pero esto no es cierto, porque Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la Creación y a lo largo del Antiguo Testamento; su misterio se revela plenamente en Jesucristo. Jesucristo nos revela que Dios no es “algo” abstracto y solitario, sino que es Padre, porque tiene un Hijo eterno que procede del Padre, y que se ha hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para introducirnos en el seno de la familia divina. Para ello, el Padre y el Hijo nos envían también su Espíritu Santo.
El misterio de la Santísima Trinidad es, por tanto, el misterio central de la fe y de la vida cristiana, porque como hemos escuchado en el Evangelio, los cristianos son bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y la celebración de la Eucaristía, centro y culmen de la vida cristiana, comienza y se cierra en el nombre de Dios Uno y Trino; también en la consagración pedimos al Padre, que envíe su Espíritu, para que transforme en pan y en vino, en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Nunca hubiéramos podido inventar este Dios, porque el misterio trinitario no es contrario a la razón, pero es un Misterio, estrictamente dicho, o sea, que no puede ser descubierto por la sola razón: la Trinidad es uno de los misterios de Dios que no pueden ser conocidos si no son revelados por el mismo Dios. Además, aun después de sernos revelado tampoco puede ser totalmente comprendido por la razón, de ahí que muy pronto comenzaran las reflexiones teológicas para hacer inteligible este misterio de fe, y así se empezó a hablar de “sustancia” o “naturaleza” para hablar del ser divino en su unidad; de “persona” para referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su distinción entre sí; y “relación” para indicar la referencia de cada Persona divina a las otras.
ACTUAR:
La fe en el Dios Uno y Trino es un misterio profundo, que ninguna mente humana hubiera podido inventar, ni descubrir por sí misma, ni podrá comprender plenamente jamás. Es el misterio del Amor más grande, porque confesar que Dios es Uno y Trino es lo mismo que confesar: “Dios es Amor”. Dios vive la comunión de Amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y esa comunión de amor le lleva a darse y a comunicarse para que participemos de esa misma comunión. Al ser en sí mismo Vida y Amor, puede ser para nosotros vida y amor: ésa es nuestra fe y nuestra esperanza.
Estamos ante el principal misterio de nuestra fe: no nos lo hemos inventado, nunca lo hubiéramos podido concebir, lo hemos conocido gracias a Jesucristo. Por eso, hoy no nos queda otra solución que aceptar el misterio con una fe sencilla y humilde, que no pretende ponerse al mismo nivel de Dios, porque como dijo san Agustín: “Si lo comprendieras, no sería Dios”.