La vida continúa
VER:
Después de leer un libro o ver una película, cuando aparece la palabra “fin”, no puedo evitar pensar que en realidad ese libro o película no ha terminado. Es cierto que ha terminado la historia que se narra, los personajes han vivido diferentes situaciones y circunstancias que han tenido su inicio, su punto álgido y su desenlace, pero siempre pienso que la vida continúa y aunque esa historia en concreto haya finalizado, la vida de esos personajes no termina, y tendrán que afrontar nuevas circunstancias, nuevas historias.
JUZGAR:
En este Domingo de la Ascensión, la Palabra de Dios suena a final de un libro o una película. En el Evangelio hemos escuchado: El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Y en la 1ª lectura: Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Después de todo lo que hemos estado celebrando durante la Pascua, estas palabras parecen las últimas líneas de un libro o el último plano de una película, podríamos poner “FIN” a continuación, y quedaría bien.
Pero la Ascensión del Señor no es el punto final de la historia de Jesús; y por tanto los Apóstoles tampoco pueden dar por terminado su papel en esta historia, por eso el ángel les dice en la 1ª lectura: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Éste no es el “FIN”, la vida continúa.
Jesús ya les había avisado en la 1ª lectura: Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos. Y en el Evangelio les dice explícitamente: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. La Historia de Salvación que se inició con la Creación y llegó a su punto culminante en Jesús con su encarnación, muerte y resurrección, no ha terminado con su Ascensión al cielo. Como diremos en el Prefacio: ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino.
En nuestra vida cotidiana vivimos diferentes circunstancias, diferentes historias, que normalmente tienen un comienzo y un final, pero lo que es nuestra vida no se detiene, tenemos que seguir adelante. Por tanto, después de toda la historia de Jesús que hemos estado celebrando esta Pascua, no debemos pensar que esa historia ya se ha terminado: la vida continúa, nuestra vida continúa, y Él cuenta con nosotros, pero eso sí: debemos continuar de un modo diferente.
La historia de Jesús nos debe haber marcado de tal modo que eso se nos tiene que notar, como decíamos el domingo pasado. Por eso decía san Pablo en la 2ª lectura: os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Nuestro estilo de vida, nuestras actitudes, nuestros valores… todo debe ser un testimonio de fe: Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz… Así daremos continuidad a la historia de Jesús, así es como daremos testimonio de que su historia no ha terminado.
Y todos somos “actores” en esta continuación de la historia de Jesús porque a cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Todos tenemos una función que desempeñar en esta historia, y lo que yo no haga quedará eternamente por hacer.
ACTUAR:
Cuando nos acercamos al final del tiempo de Pascua, ¿tengo la impresión de que esta historia ha terminado? ¿Me siento llamado y enviado, como los Apóstoles, a ser testigo de Cristo Resucitado, a dar continuidad a su historia? ¿Se me nota que mi vida continúa pero de un modo diferente? ¿Cómo y con quién voy a concretar el estilo de vida que san Pablo indicaba en la 2ª lectura?
Para que nuestra vida continúe, Jesús también nos dice: Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos. El Espíritu Santo, como celebraremos la semana que viene, es el que hace posible la continuidad de la historia de Jesús, porque no es un libro ni una película, es una verdadera historia de Vida. No pongamos el “FIN” todavía, porque cada uno según su función pero todos formando un solo cuerpo y con un solo Espíritu, estamos llamados a repetir, y podemos hacerlo, la experiencia de los Apóstoles: ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.