Todos somos pastores
VER:
En las ciudades y zonas industrializadas, una dificultad con que nos encontramos en la tarea evangelizadora, sobre todo con niños y jóvenes, es hacer entender las imágenes referentes al mundo agrícola y ganadero que encontramos en la Sagrada Escritura en general, y en los Evangelios en particular. Sin embargo, hay algunas imágenes que son más conocidas, como la del pastor. Influenciados por la tradición de montar el Belén o por las representaciones navideñas, todos tenemos en mente la imagen típica del pastor, con su pelliza, su zurrón y su cayado.
JUZGAR:
Dentro del tiempo de Pascua, este cuarto domingo es conocido con el nombre de “Domingo del Buen Pastor”, título que Jesús se dio a sí mismo, como hemos escuchado en el Evangelio: Yo soy el buen Pastor que da la vida por las ovejas… Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías…
Y es habitual que, al llegar este domingo, al escuchar la Palabra nos situemos solamente como “ovejas”, como parte del “rebaño” de Cristo; como mucho, pensamos que hoy las palabras de Jesús van más dirigidas a los curas que a los laicos, porque deben ser imagen del Buen Pastor.
Pero en este tiempo de nueva evangelización se nos está recordando repetidamente que la nueva evangelización convoca a todos los bautizados que somos los miembros de la Iglesia. Como dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium 20, hablando de “una Iglesia en salida”: todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera (…) todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. Es decir, todos somos pastores, todos los miembros de la Iglesia, laicos, personas consagradas y clero, debemos ser imágenes de nuestro Buen Pastor.
Para ello, lo primero que necesitamos es tener bien clara la imagen de Cristo como Buen Pastor, como nos la han transmitido los evangelistas y que Juan Pablo II resumen en su exhortación Pastores dabo vobis: Jesús es el buen Pastor anunciado; Aquel que conoce a sus ovejas una a una, que ofrece su vida por ellas y que quiere congregar a todos en «un solo rebaño y un solo pastor». Es el Pastor que ha venido «no para ser servido, sino para servir», el que, en la escena pascual del lavatorio de los pies, deja a los suyos el modelo de servicio que deberán ejercer los unos con los otros, a la vez que se ofrece libremente como cordero inocente inmolado para nuestra redención (13). Y su vida es una manifestación ininterrumpida, es más, una realización diaria de su «caridad pastoral». Él siente compasión de las gentes, porque están cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor; Él busca las dispersas y las descarriadas y hace fiesta al encontrarlas, las recoge y defiende, las conoce y llama una a una (22). Éste es el modelo que todos debemos reproducir como pastores.
Y es cierto que todos tenemos esa imagen típica de un pastor, pero también es cierto que es una imagen idealizada y poco realista. Porque la vida de un pastor es una vida de trabajo duro, de rutina, de cansancio, de soledad, de pobreza y suciedad, de preocupaciones y peligros… Y como todo esto nos lo vamos a encontrar en nuestro pastoreo, en nuestra misión evangelizadora, el Papa Francisco nos advierte de las “Tentaciones de los agentes pastorales” y nos hace una serie recomendaciones y exhortaciones para ser “buenos pastores”, imágenes de nuestro Buen Pastor, que necesitamos leer y reflexionar y que aquí sólo podemos enunciar: Sí al desafío de una espiritualidad misionera… ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero (78-80); No a la acedia egoísta… ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! (81-83); No al pesimismo estéril… ¡No nos dejemos robar la esperanza! (84-86); Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo… ¡No nos dejemos robar la comunidad! (87-92); No a la mundanidad espiritual… ¡No nos dejemos robar el Evangelio! (93-97); No a la guerra entre nosotros… ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! (98-101).
ACTUAR:
¿Qué significa para mí que Cristo sea el Buen Pastor? Y todos somos, efectivamente, ovejas de su rebaño, pero ¿me siento también pastor? ¿Qué “pastoreo” realizo como miembro de la Iglesia? ¿Cómo evalúo mi caridad pastoral? ¿Experimento alguna de las tentaciones que señala el Papa? ¿He leído Evangelii gaudium, que es el programa que el Papa espera que todos sigamos en la Iglesia?
Todos los bautizados somos pastores, Cristo cuenta con todos. Dejémonos alimentar por el Buen Pastor en la Eucaristía; dejémonos guiar por Él con su Palabra y con la formación, en los Equipos de Vida, para vencer las tentaciones y cansancios y así un día podamos gozar eternamente de las verdes praderas de su Reino.