La ignorancia es muy atrevida
VER:
Hay una conocida frase hecha que dice así: “La ignorancia es muy atrevida”. La utilizamos cuando escuchamos a algunas personas hacer comentarios, juicios de valor, opiniones… acerca de temas sobre los que no saben mucho o más bien nada, pero aun así se atreven a hablar de ellos. Esto lo podemos observar muchas veces, ya sea en nuestro ambiente habitual o sobre todo en tertulias radiofónicas y televisivas, escuchando a personas que bajo la excusa de “temas de actualidad”, lo mismo hablan de temas del corazón, que de temas políticos, que de sucesos… y por eso también hablan y opinan de la Iglesia o de la religión, la gran mayoría de las veces sin formar parte de la Iglesia, y sin tener apenas conocimiento ni del hecho religioso ni de la fe católica. Y quienes somos y formamos la Iglesia nos damos cuenta de las barbaridades que llegan a decir desde su ignorancia.
JUZGAR:
En tercer domingo de Pascua nos advierte también a nosotros que la ignorancia es muy atrevida, y que también nosotros, como miembros de la Iglesia que somos, podemos caer en la ignorancia. La mayoría de los católicos se han contentado con los conocimientos que adquirieron en la catequesis que recibieron para la 1ª Comunión, y las clases de religión, y a lo sumo, para la Confirmación.
En la 1ª lectura hemos escuchado a Pedro decir a los israelitas: Rechazasteis al santo… pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida… Sin embargo, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo. Pedro les hace caer en la cuenta de la barbaridad que hicieron con Jesús, y hasta dónde fueron capaces de llegar por su ignorancia.
Y en el Evangelio, la ignorancia de los discípulos hace que, a pesar de los testimonios de las mujeres que fueron al sepulcro y de los dos discípulos de Emaús, al presentarse Jesús en medio de ellos, creían ver un fantasma. A pesar de que Jesús les dice: Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo, ellos no acababan de creer… y seguían atónitos.
Pero Jesús no les deja por imposibles en su ignorancia, sino que les ayuda a salir de ella: Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras, para que se den cuenta de que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse. De este modo es como podrán afirmar, con conocimiento de causa, como Pedro: Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos.
El Papa Francisco en Evangelii Gaudium (121) habla de mediocridad: Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo.
También a nosotros Jesús nos quiere hacer salir de la ignorancia y de la mediocridad, también a nosotros nos abre el entendimiento, como decimos en las Plegarias Eucarísticas V(a, b, c, d): Te glorificamos, Padre Santo, porque estás siempre con nosotros en el camino de la vida, sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega para el banquete pascual de su amor. Como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús, Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan. Por eso, la Eucaristía es imprescindible para ser cristianos en el corazón del mundo, porque es Cristo mismo quien se pone a nuestro lado como Maestro, para que no seamos mediocres, como charlatanes ignorantes, sino testigos creíbles.
ACTUAR:
¿He dicho alguna vez de alguien: “La ignorancia es muy atrevida”? ¿Me lo han dicho a mí? ¿Me considero conocedor de los temas religiosos, de las Escrituras, de la Iglesia… o hablo con demasiado atrevimiento? ¿Entiendo la Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento? ¿Formo parte de algún Equipo de Vida o de formación? Si no es así, ¿hago algo para salir de la ignorancia? ¿Soy consciente de que en la Eucaristía es Cristo mismo quien nos enseña?
La Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Cristo, es el momento privilegiado de encuentro con Él para que, con su Palabra y su Cuerpo y Sangre, nos abra el entendimiento, y podamos ser cada vez más y mejores testigos de su resurrección, con atrevimiento, como los primeros discípulos. Pero un atrevimiento que no brota desde la ignorancia sino desde el conocimiento, desde la experiencia de encuentro personal con Él.