La perspectiva del Amor Fraterno
VER:
El Domingo de Ramos, al comenzar la Semana Santa, dijimos que la perspectiva es el arte de reproducir en una superficie plana la profundidad del espacio y la imagen tridimensional con que aparecen las formas a la vista, tal como se hace por ejemplo en un cuadro. Pero la perspectiva también es el panorama que desde un punto determinado se presenta a la vista del espectador y por eso a veces, para contemplar algo, debemos situarnos en un punto concreto para poder apreciar detalles y matices que, de otro modo, no captaríamos. Y la perspectiva es también la visión, considerada en principio más ajustada a la realidad, que viene favorecida por la observación distante, espacial o temporalmente de cualquier hecho o fenómeno; de ahí que en nuestra vida ordinaria también hablamos de “ver las cosas con perspectiva” para poder analizar un problema, una situación, del modo más correcto, sin deformaciones y sin que queden fuera de nuestra visión algunos aspectos importantes.
JUZGAR:
Queremos vivir la Semana Santa con perspectiva: porque no queremos quedarnos con una visión “plana” de la misma, sino captarla en toda su profundidad; porque queremos contemplar su panorámica apreciando todos los detalles y matices que contiene; y porque queremos tener la visión más ajustada posible a la realidad de lo que estamos celebrando.
Y en este Jueves Santo, una visión “plana” de la realidad sería quedarnos en lo anecdótico: en la mayor o menor solemnidad de la celebración, en la mejor o peor decoración del Monumento… Aunque en menor grado, también sería una visión “plana” de este día quedarnos en el recuerdo de la Última Cena, cuyo relato hemos escuchado en la 2ª lectura. La perspectiva adecuada nos la ha ofrecido el Evangelio: Jesús… tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavar los pies a los discípulos. Más aún, el punto exacto desde el que contemplar este día es el que señala el comienzo de este pasaje: sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
La profundidad de lo que hoy celebramos está determinada por lo que la Eucaristía es y significa: el amor hasta el extremo que Jesús nos ha manifestado, un amor que pasa por el servicio hasta llegar a la entrega total. Y como Jesús nos ha dicho: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Pero ese “hacer lo que Él ha hecho” no es simplemente el servicio, sino el amor hasta el extremo, que se manifiesta en gestos y acciones de servicio. El Jueves Santo, Día del Amor Fraterno, nos debe situar precisamente en la perspectiva del amor: un amor servicial, un amor entregado, un amor cuya fuente y alimento es, debe ser siempre, la Eucaristía.
ACTUAR:
¿Qué me llama más la atención en este día? ¿Qué gestos de servicio llevo a cabo? ¿Me suelo situar en la perspectiva del amor fraterno? ¿Es la Eucaristía la fuente y alimento de mi actuar?
Hoy vamos a tener la oportunidad de permanecer en oración ante el Monumento. Que sepamos ver ahí la concreción del amor hasta el extremo que Cristo nos ha tenido y tomemos ejemplo para que, situándonos también nosotros en la perspectiva del amor fraterno, también nosotros sepamos dar testimonio de Cristo mediante nuestro servicio y nuestra entrega a los demás.