Hay que cumplir el horario
VER:
La gran mayoría de nosotros, por no decir todos, vivimos sujetos a un horario más o menos estricto: hora de levantarse, hora de ir a trabajar o a estudiar, hora del descanso, hora de la comida, hora de ir a la parroquia, hora del deporte, hora de dormir, hora del médico, hora de salir, hora de llegar, hora de abrir, hora de cerrar… En algún momento podemos llegar a hacernos sentir “esclavos” del horario, y deseamos no estar sujetos a él, pero lo cierto es que el horario hay que cumplirlo porque organiza nuestra vida, y sin él, no podríamos desarrollarla convenientemente.
JUZGAR:
Estamos ya en el quinto Domingo de Cuaresma; la próxima semana, con el Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa. Y como ha dicho Jesús en el Evangelio, ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Recordemos que durante la boda en Caná, Jesús había dicho a María: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora (Jn 2, 4); pero ahora Jesús debe someterse al “horario” del Padre, y cumplirlo con todo lo que eso conlleva: su entrega hasta la muerte en la Cruz.
Y como verdadero hombre, como cualquiera de nosotros cuando llega la hora de algo desagradable que quisiéramos no tener que pasar, Jesús siente el deseo de no someterse a ese “horario”: Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Como hemos escuchado en la 2ª lectura: a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte.
Pero como verdadero Dios, Jesús sabe que debe cumplir el “horario” de su Padre, que Él mismo había aceptado libremente por nosotros y por nuestra salvación: Pero si por esto he venido, para esta hora. Porque Jesús sabe y nos hace saber que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto. Y como escuchábamos el domingo pasado en el Evangelio, tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.
Durante estos próximos días serán muchos los que se acerquen a los templos porque “quisieran ver a Jesús”, como hemos escuchado en el Evangelio. Algunos acudirán como meros espectadores de una manifestación cultural del pasado; otros, por simple curiosidad, como una distracción más en estos días festivos; otros, como continuadores de una tradición que han heredado pero cuyo significado profundo no se han planteado; otros, buscando inconscientemente “algo” que dé respuesta a las preguntas sobre la vida y su sentido…
Para nosotros, contemplar hoy a Jesús aceptando y cumpliendo el “horario” del Padre, consciente de que ha llegado la hora de que sea glorificado, pero una glorificación que pasa por la Cruz, ha de ser un estímulo para vivir la Semana Santa desde la contemplación y la oración, desde la fe. Pero no sólo contemplándole, no sólo viviendo la fe de un modo intimista y descomprometido, sino aprendiendo de Él y haciendo nuestro su ejemplo de obediencia al Padre y entrega a los demás.
Jesús, como hemos escuchado en la 2ª lectura, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Si nosotros “queremos ver a Jesús” de verdad y encontrar su salvación, también tenemos que aceptar el “horario” del Padre, aunque a veces también sea a gritos y con lágrimas, como le ocurrió a Jesús; pero sabiendo que mientras cumplimos ese “horario”, Él está con nosotros en todo momento, porque tenemos su promesa: El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor.
ACTUAR:
¿Cómo es mi horario habitual? ¿Siento que me ayuda a vivir el día a día, o me siento “esclavo”? ¿Qué significa para mí escuchar a Jesús: Ha llegado la hora, contemplarle cumpliendo el “horario” del Padre por nuestra salvación? ¿Y para mí “ha llegado la hora”, en alguna dimensión de mi vida, de cumplir el “horario” del Padre, mediante mi compromiso y entrega a los demás? ¿Qué me cuesta más cumplir? ¿Estoy convencido de que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo?
Dispongámonos a vivir la Semana Santa desde la oración y la contempla-acción, pidiendo al Espíritu Santo que nos dé fuerza para que en nuestro horario habitual cumplamos también el “horario” del Padre, siguiendo a Jesús en su entrega para poder ser también con Él glorificados.