Sin preocupaciones
VER:
Una mujer casada, madre de familia y que también trabaja fuera de casa, con un compromiso serio no sólo en su parroquia sino también en la diócesis, comentaba que había recibido de manera imprevista una invitación a participar en una mesa redonda, que tendría lugar el domingo de esa misma semana. Se sentía mal porque por una parte no quería decir que no a la invitación, pero por otra parte, el fin de semana ya lo había organizado con su familia: “Después de toda la semana sin parar entre la parroquia y otras cosas, no puedo decir a mi marido y a mis hijos que tampoco el domingo estaré con ellos”.
JUZGAR:
Esta situación suele repetirse entre laicos (sobre todo mujeres) que han respondido a la llamada del Señor asumiendo diferentes compromisos en su parroquia y/o en su diócesis: ofrecen su disponibilidad generosamente, pero como “siempre hay más cosas que hacer”, llega un momento en que sienten que no pueden llegar a todo, entre su familia, trabajo e Iglesia, y esto les acarrea tensiones y conflictos, no sólo en su interior, sino también con sus familiares y amigos, que a veces no entienden tanta dedicación y entrega.
Esta situación la ha reflejado la 2ª lectura de hoy: por una parte el célibe, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor; por otra parte, el casado… la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer… a su marido. Y respecto a los casados, indica que debido a esa aparente contraposición y casi incompatibilidad, anda dividido. Pero como no debe haber contraposición entre el compromiso asumido por el Señor y el estado civil de la persona, debemos dejar que resuenen las palabras que san Pablo ha dicho en la 2ª lectura: Quiero que os ahorréis preocupaciones.
Teniendo presente esta Palabra de Dios, hoy debemos reconocer y agradecer ese compromiso callado pero constante que tantos laicos (sobre todo mujeres) llevan a cabo diariamente, con gran esfuerzo, en la Iglesia, ya sea en el nivel parroquial, diocesano, nacional e incluso internacional, porque se han sentido personalmente llamados y enviados por el Señor a asumir dicho compromiso como Iglesia que son. Así lo dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium 102: Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados. Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe.
¿Cómo superar pues esa contraposición que a veces se produce? Lo decía ya el Papa Pablo VI en Evangelii nuntiandi 66: Toda la Iglesia está, pues, llamada a evangelizar y, sin embargo, en su seno tenemos que realizar diferentes tareas evangelizadoras. Esta diversidad de servicios en la unidad de la misma misión constituye la riqueza y la belleza de la evangelización. En la misión evangelizadora hay diferentes servicios, y cada uno según su estado debe discernir dónde lo llama el Señor a ejercer su servicio como miembro del Cuerpo que es la Iglesia. En concreto, y por lo que respecta a los laicos, dice claramente Pablo VI (EN 70): Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial -esa es la función específica de los Pastores- sino el poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas (…) en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc. Ésta es la tarea “primera e inmediata”, el “campo propio” de un laico cristiano, y todos debemos favorecer que así sea. Y el resto de miembros de la Iglesia, sobre todo los pastores, no deben exigir a los laicos que desempeñen más funciones de las que en conciencia ha asumido, por muy necesarias que sean esas otras funciones. Por una parte, porque así estarán dedicándose al trato con el Señor sin preocupaciones, como decía San Pablo; y por otra parte, porque como sigue diciendo Pablo VI (EN 70): Cuantos más seglares haya, impregnados del Evangelio, responsables de estas realidades y claramente comprometidos en ellas (…) tanto más estas realidades (…) estarán al servicio de la edificación del reino de Dios y, por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús. Más vale que muchos hagamos poco, a que pocos hagamos mucho.
ACTUAR:
Como laico, ¿me he sentido dividido entre mi compromiso cristiano y mi familia, amigos, trabajo…? Como pastor, ¿respeto el “campo propio” de los laicos, o les exijo un compromiso mayor del que pueden asumir como tales? ¿Sabemos discernir cuál es nuestra tarea evangelizadora, y dónde y cuándo ejercerla?
La misión evangelizadora no puede suponer una fuente de problemas. Pidamos al Señor que nos ilumine a todos para discernir cuál es la función que debemos asumir en la misión evangelizadora, para que, como decía san Pablo, todos busquemos contentar al Señor, pero sin divisiones ni preocupaciones.