Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Bautismo del Señor – B

Tu cara no me suena

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VER:
En televisión han emitido varias veces un concurso, “Tu cara me suena”, en el cual los concursantes tenían que imitar a un cantante famoso. Para ello recurrían a vestuario, maquillaje, modulación de la voz… y el resultado a veces ha sido espectacular, el concursante resultaba difícilmente reconocible. Pero una vez terminado el concurso, el concursante se quitaba el maquillaje y el vestuario y seguía siendo el mismo de antes.
JUZGAR:
Hoy estamos celebrando la fiesta del Bautismo del Señor, que cierra el tiempo de Navidad. Hoy hemos visto una nueva manifestación del Misterio que hemos estado celebrando desde Nochebuena: el Hijo de Dios hecho hombre, nacido para nuestra salvación. El día de Epifanía esta manifestación se realizó siendo Niño, y hoy lo hemos contemplado ya adulto. Y puesto que se hizo hombre y se manifestó “para nuestra salvación”, esta contemplación del Misterio de la Navidad no puede quedarse en algo “externo”, como si estuviéramos contemplando una obra de arte.
Por eso hemos pedido en la segunda oración colecta de las dos que hoy propone la liturgia: concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad.
¿Cómo comenzar esa transformación interior según el modelo que hoy se nos ha manifestado en Jesús? El primer paso lo hemos escuchado en la 1ª lectura: que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor… Cada uno tendremos que revisar con sinceridad en nuestra oración si nuestros caminos, si nuestros planes… siguen el camino de Jesús, o nos hemos desviado y tenemos que regresar al Señor, cuidando y potenciando la oración, la celebración de los sacramentos, el Equipo de Vida, la formación, el PPVC, el compromiso cristiano…
Quizá en esa revisión orante nos parezca que la transformación interior está fuera de nuestro alcance, porque como también decía el Señor en la 1ª lectura: mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes, y no nos vemos capaces de seguirlos. Por eso en la 2ª lectura san Juan nos ha recordado: sus mandamientos no son pesados, pues todo el que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y nosotros hemos nacido de Dios por el Bautismo que hemos recibido, y que la fiesta de hoy nos ayuda a recordarlo. También sobre nosotros ha descendido el Espíritu Santo, y también el Padre nos dice: tú eres mi Hijo amado. Por eso podemos transformarnos interiormente a imagen de Cristo.
Una transformación interior que no realizamos “para ganar un concurso”, para “conseguir un premio”, para que nos aplaudan, sino para ser buenos testigos de Cristo, imagen suya, presencia suya, con la actitud de Juan el Bautista: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Una actitud que no será algo exterior, como un disfraz o un maquillaje, sino que formará parte de nuestro mismo ser, en virtud del Sacramento del Bautismo y la Confirmación recibidos.
ACTUAR:
Después de todo lo celebrado y orado durante la Navidad, ¿tengo deseos de transformarme interiormente a imagen de Cristo? ¿Qué caminos debo abandonar, y qué planes debo cambiar? ¿Lo veo “pesado”, o posible? ¿Me siento hijo de Dios, y vivo como tal? ¿Tengo la actitud de san Juan Bautista a la hora de dar testimonio de Cristo? Como laicos, ¿soy consciente que el Bautismo y la Confirmación me capacitan para ser testigo cualificado de Cristo?
La fiesta del Bautismo del Señor nos recuerda que también hemos recibido el Espíritu Santo, y que habita en nosotros y actúa en nosotros. Aprovechémoslo para que nos guíen en esa transformación interior, y ojalá ésta fuera tan completa que, a diferencia del programa de televisión, nos dijeran: “Tu cara no me suena”, que resultáramos prácticamente irreconocibles porque nuestra transformación no es un simple disfraz ni maquillaje, sino que brota de nuestro interior. Ojalá cumplamos lo que pediremos en la última oración de la Eucaristía: que podamos llamarnos, y ser en verdad, hijos de Dios.

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