Hay que repartir la herencia
VER:
Hace unos meses fue noticia que a una persona de condición humilde le habían reconocido judicialmente que era hijo de un millonario fallecido, y por tanto tenía derecho a parte de la herencia de su padre biológico. Normalmente, cuando se produce un caso de éstos, la llegada de un nuevo heredero suele ser mal recibida por los herederos “legítimos”, y aunque por ley tengan que repartir la herencia, normalmente no suelen querer tener trato con el nuevo heredero.
JUZGAR:
Hoy estamos celebrando la fiesta de la Epifanía, y en algunos países de antigua cristiandad, como el nuestro, el día de hoy se conoce más como el “Día de Reyes”, con todo lo que eso conlleva.
Pero el verdadero sentido de esta fiesta no es hacer regalos. La palabra “epifanía” significa revelación, manifestación. Y lo que hoy celebramos es que Dios se manifiesta en su Hijo recién nacido que, como decimos en el Credo, por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Pero como vivimos en un país de antigua cristiandad, podemos interpretar ese “nosotros y nuestra salvación” como algo “sólo para nosotros” “herederos legítimos” ya que siempre hemos sido católicos.
Sin embargo, desde Nochebuena hemos visto que Dios no se ha manifestado principalmente a los considerados “herederos legítimos” del pueblo de Israel. Hemos visto que se ha manifestado sobre todo a los que nadie imaginaba que serían también “herederos”; se ha manifestado a personas de condición humilde, como los pastores, el anciano Simeón, la profetisa Ana… personas que, aunque pertenecían al pueblo de Israel, apenas contaban a los ojos de los “herederos legítimos”.
Pero sobre todo hoy celebramos lo que hemos escuchado en la oración colecta: que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles. Hoy celebramos que para Dios no hay “herederos legítimos”, que ninguno podemos considerarnos así ni por nuestra trayectoria personal ni por el país en que hayamos nacido, porque como ha dicho san Pablo en la 2ª lectura: también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio. Y como hemos visto en el Evangelio, estos Magos de Oriente, gentiles, cayendo de rodillas, lo adoraron.
La fiesta de la Epifanía es una llamada a identificar quiénes son hoy esos “gentiles”, que también son coherederos, junto con nosotros, “cristianos viejos”, y cuál es nuestra actitud hacia ellos.
En sentido amplio, los gentiles serían todos los seres humanos que “oficialmente” no forman parte de la Iglesia, aunque profesen otros credos, porque también han sido creados a Su imagen.
Pero si vamos concretando más, sin ser conscientes de ello también podemos tratar como “gentiles” a otros grupos de personas. Por ejemplo, a los que forman parte de lo que el Papa Francisco llama “las periferias”. También podemos tratar como gentiles a bautizados que por cualquier motivo se han alejado de la Iglesia. Y lo mismo podemos hacer con católicos que provienen de otros países y culturas.
A menudo, dentro de la misma Iglesia, en la práctica tratamos como “gentiles” a quienes no forman parte de “mi” grupo, Asociación, Movimiento, Cofradía… Y también tratamos como “gentiles” a personas que, en un momento dado, vienen a la parroquia y quieren integrarse en ella y formar parte de alguno de sus grupos y actividades, y los miramos con recelo y desconfianza, como si fueran a “quitarnos el sitio”, lo que nos creemos que es legítimamente nuestro.
Y sin embargo, como dijo el Papa Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis 15: en la celebración de la Eucaristía cada fiel se encuentra en su Iglesia, es decir, en la Iglesia de Cristo. Por eso, cualquier cristiano que participa en una Eucaristía está siempre en su casa y no es un extraño o un invitado, aunque tenga raíces étnicas, lingüísticas o culturales distintas a los miembros de la comunidad local que lo ha acogido.
ACTUAR:
¿Quiénes son los “gentiles” de mi entorno? ¿Cuál es mi actitud hacia ellos? Como comunidad parroquial, ¿somos acogedores con esos “gentiles”, los vemos como miembros del mismo cuerpo?
Hoy celebramos que Dios se ha manifestado a todos los pueblos, de modo que ahora todos son sus herederos. Alegrémonos de tener que “repartir con ellos la herencia” que es Cristo, para que todos podamos disfrutar de lo que pediremos en la última oración de la Eucaristía: que contemplemos con fe pura y vivamos con amor sincero el misterio del que hemos participado.