Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilia Sagrada Familia -B

Lo que aporta la familia cristiana

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VER:
Si buscamos la definición de “familia” en diferentes diccionarios, con el transcurso de los años se puede ver un cambio en dicha definición. En 1969 (Salvat Universal): Grupo organizado de personas, originado en el matrimonio, y que incluye a los padres, a sus hijos y, a veces, a otras personas relacionadas o no por lazos sanguíneos. En 1991 (Esencial Santillana): Grupo formado por una pareja y sus hijos y, entendido en un sentido más amplio, por las personas con las que se tienen lazos de parentesco; se habla ya sólo de “pareja”, y no se hace referencia ni a que esté “organizado” ni a que esté originada en el matrimonio. Y en 2014 (Real Academia Española): Grupo de personas emparentadas entre sí, que viven juntas; ya no se habla ni siquiera de “pareja”; según esta última definición, para ser “familia” basta con ser un grupo de personas emparentadas entre sí del modo que sea, y vivir bajo el mismo techo.
JUZGAR:
Más allá de la definición que se le dé, la familia es una realidad que está presente en todas las razas y culturas. Y hoy, dentro del tiempo de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. El pasado mes de octubre tuvo lugar la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, en el que se reflexionó acerca de la familia. Puesto que la familia es una realidad universal, los obispos emitieron un Mensaje final dirigido a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquéllas que siguen a Cristo, y que puede servirnos para reflexionar acerca de lo que aporta la familia cristiana a la realidad viva y compleja de las familias.
Como dijeron los Obispos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y pruebas dramáticas. Pensamos en el padre o la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades de su familia… en la multitud de familias pobres… en las familias prófugas que migran sin esperanza… en las que son perseguidas simplemente por su fe… en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras…
Está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal… Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales que se afrontan de modo superficial… Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas. En la familia cristiana también se producen crisis, pero en ella podemos encontrar la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación…
También afecta a las familias el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan. Y la familia cristiana, además, las vive descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.
En el caminar de la familia cristiana, que como en cualquier otra familia a veces es un sendero de montaña, con cansancios y fatigas, siempre está la presencia y la compañía de Dios… La familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica… Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.
ACTUAR:
Pero la familia cristiana no se cierra sobre sí misma: se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Precisamente porque a menudo las personas se ven privadas de los beneficios que aporta la familia, Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie… Todos los que somos Iglesia, como familia de Dios, debemos estar dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.
Una familia cristiana debería ser fácilmente reconocible, como fue reconocida la Sagrada Familia por el anciano Simeón y por Ana, la profetisa. Por eso la familia cristiana no es algo “terminado”: siempre será objeto de reflexión, de profundización, porque entre ustedes late la presencia de Jesús, María y José en su modesta casa, para que siga siendo y ofreciendo la presencia de Dios en medio de la realidad universal que es la familia.

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