Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Jesucristo, Rey del Universo – A

 Un Rey «con olor a oveja»

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VER:
En un programa de televisión, un reportero enseñaba una fotografía del Rey Felipe VI con su familia, durante las vacaciones, a personas de otro país, y les preguntaba si sabían quién era el de la foto. La gente no lo sabía, y seguidamente el reportero les enseñaba una foto del Rey durante un acto oficial para que viesen que el de la foto con su familia era el Rey de España. La gente mostraba incredulidad y la mayoría comentaban: “No parece un rey, desde luego, parece un ciudadano cualquiera, no se le nota nada”.
JUZGAR:
Hoy celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, y si D. Felipe no parece a la gente un rey, mucho más ocurre con Cristo: no se acerca nada a la imagen que tenemos de un rey, y sin embargo lo es, como hemos escuchado en la 2ª lectura: Cristo tiene que reinar… Y, del mismo modo que un rey es la cabeza visible de sus súbditos, Cristo ha resucitado y es primicia de todos.
Pero es un Rey peculiar, es un Rey-Pastor o, como diría el Papa Francisco, “un Rey con olor a oveja”, porque Cristo ejerce y muestra su realeza siendo un verdadero Pastor para nosotros, y así lo hemos escuchado en la 1ª lectura, que utiliza una serie de verbos para mostrar cómo es su actuar: Yo mismo en persona buscaré… seguiré… libraré… apacentaré… haré volver… vendaré… curaré… guardaré… Él mismo en persona nos cuida como el Buen Pastor que es, con atención, delicadeza y amor, y no le importa acercarse a nosotros, hacerse uno de nosotros para llevarlo a cabo.
Pero que Cristo sea un Rey “con olor a oveja” no significa que no ejerza otras funciones propias de un Rey, como la de impartir justicia, como también decía la 1ª lectura: He aquí que yo voy a juzgar… y así nos lo ha dicho también en el Evangelio, y nos advierte que “seremos juzgados” según su Ley.
En un reino humano los súbditos deben obedecer las leyes de su rey; que Cristo sea nuestro Rey, y además un Rey “con olor a oveja” exige de nosotros con mayor motivo, como súbditos suyos, que cumplamos su Ley. Y su Ley es el amor al prójimo, como nos ha indicado, un amor que sintetiza en dar de comer, dar de beber, hospedar, vestir, visitar… acciones que están indicándonos que la Ley de Cristo es la atención directa y prioritaria a la persona, no sólo en sus necesidades básicas, sino una atención integral, como la que Cristo tiene con cada uno de nosotros.
Y como es un Rey “con olor a oveja”, se identifica tanto con sus ovejas, sobre todo con las más desfavorecidas, que nos advierte que cada vez que hacemos un acto de amor al prójimo, o no lo hacemos, es como si se lo hiciésemos o dejásemos de hacer a Él mismo.
ACTUAR:
¿Qué significa para mí que Cristo sea mi Rey? ¿Le veo como un Buen Pastor? ¿En qué momentos he sentido que Él me buscaba, me seguía, me libraba, me apacentaba, me vendaba, me curaba, me guardaba…? ¿Cómo evalúo mi cumplimiento de su Ley? ¿Soy consciente de que cada vez que hago o no hago un gesto de entrega al prójimo, se lo hago o dejo de hacer a Cristo, mi Rey?
En este último domingo del año litúrgico, un buen resumen de todo lo que hemos reflexionado y orado estos últimos meses lo ofrece el Salmo 22: El Señor es mi Pastor… Repitámonoslo, orémoslo, para que desde la conciencia de que Él es nuestro Rey “con olor a oveja”, procuremos ser cada vez mejores súbditos suyos, imitándole, haciendo nuestra su mirada hacia las personas y su disposición hacia los demás: Yo mismo en persona buscaré… seguiré… libraré… apacentaré… haré volver… vendaré… curaré… guardaré…
Ojalá también nosotros “olamos a oveja” porque cumplimos su Ley, porque amamos al prójimo como Cristo, nuestro Rey, nos ama a nosotros, y así, el día de su juicio, Él nos reconozca como ovejas suyas y nos diga: Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

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