Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del domingo XXXIII

De improviso, un vuelco a nuestra vida

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VER:
Como dijimos hace unos domingos, a veces se producen circunstancias que dan un vuelco a nuestra vida: una enfermedad o accidente, la pérdida del empleo, una ruptura… Y muchas veces estas circunstancias se producen de improviso; todo parece ir más o menos bien y, sin que nos lo esperemos, todo cambia: nuestros planes, nuestros proyectos, nuestra cotidianidad. Y esto produce lógicamente una sensación extraña, de desconcierto y desorientación.

JUZGAR:
Es la experiencia que hemos escuchado en la 2ª lectura: Cuando estén diciendo: «paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina. No se trata de vivir con miedo, esperando que no me pase nada malo. Es cierto que muchas veces no podemos evitar esas circunstancias que dan un vuelco a nuestra vida, pero sí podemos estar preparados para ello, para que ese día no os sorprenda como un ladrón. Por eso nos decía san Pablo: no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y vivamos sobriamente. No estamos desamparados e impotentes ante esas circunstancias que de improviso dan un vuelco a nuestra vida; a veces quisiéramos que Dios nos solucionase los problemas, nos sacase de esas circunstancias adversas, pero como dijo San Agustín: Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti. Como hemos escuchado en el Evangelio, Dios nos ha dado a cada uno los talentos necesarios para vivir nuestra vida.
Y ante esas circunstancias adversas que dan un vuelco a nuestra vida podemos “esconder nuestros talentos por miedo”, como cuando decimos “no sé, no valgo, no puedo, no tengo fuerzas, yo no entiendo…”; o bien podemos “negociar” con esos talentos, sean muchos o pocos, para que ese día no nos sorprenda como un ladrón.
Y podemos preguntarnos: ¿Cómo negociar con mis talentos? Lo primero, hay que ser valientes y humildes para descubrir y reconocer nuestro don; aceptarlo, y aceptarnos a nosotros con él. Lo segundo, que “negociar con los propios talentos” no es algo reservado a personas privilegiadas; se trata, como también hemos escuchado en la parábola, de “ser fieles en lo poco”, de ser fieles en nuestro día a día, en nuestras tareas cotidianas, como esa mujer hacendosa que hemos escuchado en la 1ª lectura que, por su trabajo como ama de casa, hecho desde la fe en Dios, merece la alabanza. Ante lo que hay que hacer, ante lo que tenemos delante, muchas veces pensamos: “Ya lo hará otra persona, no hace falta que sea yo quien tome la iniciativa; ya habrá alguien que seguro que lo hace mejor que yo, alguien habrá que sepa más que yo”. Pero si queremos negociar con nuestros talentos, no nos podemos quedar cruzados de brazos, no podemos esperar que sean los demás quienes empiecen, quienes tomen la iniciativa, para poder cambiar las cosas.
Es en nuestro día a día, en lo cotidiano, incluso rutinario, en las circunstancias favorables, donde tenemos que negociar con nuestros talentos, siendo fieles en lo poco, para poder afrontar las circunstancias que de improviso dan un vuelco a nuestra vida.
Recordemos, “lo que yo no haga, quedará eternamente por hacer”.

ACTUAR:
¿Qué circunstancias se me han presentado de improviso y han dado un vuelco a mi vida? ¿Cómo me sentí? ¿Soy consciente de los talentos que he recibido de Dios? ¿Cómo negocio con ellos? ¿Realizo todas mis tareas cotidianas y rutinarias desde la fe en Dios? ¿Soy fiel en lo poco?
Estamos llegando al final del año litúrgico, y la Palabra de Dios nos recuerda que nos aguarda una meta que está más allá de las circunstancias favorables y desfavorables que la vida nos presenta. Decía Jesús en el Evangelio: Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Tengamos deseos de ser fieles en lo poco, negociemos cada día con nuestros talentos para no dormirnos, para estar vigilantes, para que cuando de improviso se produzcan esas circunstancias que dan un vuelco a nuestra vida, no sintamos que nuestra vida se ha arruinado sino que seguimos estando en las manos del Señor, que tiene en cuenta nuestra fidelidad.

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