iglesia-edificio, Iglesia-comunidad
VER:
Como ya ocurrió el domingo pasado, hoy una celebración especial prevalece sobre la liturgia dominical ordinaria. Siempre el 9 de noviembre en la Iglesia celebramos la fiesta del aniversario de la Dedicación de la Basílica de Letrán; si es un día laborable, suele pasar desapercibida, pero este año, al caer en domingo, la liturgia es la de esta fiesta. Y esto nos hace preguntarnos por qué es tan importante esta fiesta, y en qué nos afecta a nosotros, a nuestra vida de fe, a nuestro día a día.
JUZGAR:
La Basílica de Letrán es la catedral del Papa en Roma, y es uno de los templos, de las iglesias cristianas más antiguas. Es por eso símbolo de la unidad entre todas las iglesias cristianas esparcidas por todo el mundo con Roma.
Es cierto que el primer templo de Dios somos cada uno de nosotros, como nos ha recordado san Pablo en la 2ª lectura: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Pero también es cierto que a veces “no sabemos”, o no nos acordamos, de que somos templo de Dios.
Para llegar a saberlo, o para ayudarnos a recordarlo, hace falta el templo físico, las piedras, el edificio, la casa de la comunidad reunida en el nombre del Señor. Y como a la comunidad reunida en el nombre del Señor desde el principio se la llamó “Iglesia” (del griego “ecclesia”, asamblea), por extensión al edificio donde la comunidad se reúne también se le llama “iglesia”.
La iglesia-edificio favorece que tengamos el espacio adecuado de recogimiento para la oración, para la celebración de los sacramentos, para la formación… La vida de la comunidad cristiana, que se desarrolla en la iglesia-edificio nos enseña y ayuda a tener presente lo que ha dicho san Pablo: Sois edificio de Dios. Por eso celebramos el aniversario de la Dedicación de la Basílica de Letrán, como símbolo de todas las iglesias-edificio y de todas las Iglesias-comunidad.
Pero esta fiesta también es una llamada de atención para todos. En el Evangelio hemos visto que Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores… ¿Qué encontramos habitualmente en nuestro templo? ¿Encontramos ese ambiente de recogimiento, u otro tipo de ambiente?
Jesús, al ver el ambiente que había en el templo de Jerusalén, les dijo: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Y tristemente eso sigue ocurriendo: en muchos templos, nos encontramos con “mercados” donde la gente habla sin ningún tipo de miramiento “porque todavía no ha empezado la misa”, como si el templo fuera una sala de espectáculos en la que podemos hablar hasta que comience la función. Tristemente, en muchas iglesias-edificio no es posible tener un rato de recogimiento, silencio y oración, y no se percibe que sean la casa de una Iglesia-comunidad.
(Imagínate que en una audiencia con el Papa, y en medio de la conversación suena un móvil. La persona a quien le suena se levanta, deja hablando al Papa y mientras sale de la sala se pone a hablar con la persona que le ha llamado. ¿Qué pensarías de la persona que hiciese eso? ¿Se te ocurriría hacerlo a ti? Si creemos que ese comportamiento es una gran falta de educación y respeto, ¿por qué lo hacemos delante del Señor cuando estamos en el templo, incluso cuando estamos en plena celebración de la Eucaristía? ¿No sería lo más correcto desconectarlo inmediatamente y, avergonzado, pedir disculpas? Y yo, al ver lo que le ha pasado al otro, si no estoy seguro de si lo tengo desconectado, ¿no tendría que mirar mi móvil para apagarlo?)
La fiesta de hoy tiene que recordarnos que un templo, una iglesia-edificio, debería ser, como hemos escuchado en la 1ª lectura, la fuente de la que mana el agua de vida, el agua que da vida y que necesitamos beber para poder ser templos vivos de Dios, edificios vivos de Dios, para tener siempre presente que el Espíritu de Dios habita en nosotros.
ACTUAR:
¿He reflexionado alguna vez acerca de la diferencia entre iglesia-edificio e Iglesia-comunidad? ¿Qué ambiente encuentro habitualmente cuando entro en el templo parroquial, se percibe que es la casa de la Iglesia-comunidad, o sólo un edificio, un local donde “se celebra la misa”? ¿He tenido la experiencia de necesitar un tiempo de oración, de silencio y no poder tenerlo porque el templo era “un mercado”? ¿Qué voy a hacer para que eso no ocurra en mi templo parroquial?
Que esta fiesta del aniversario de la Dedicación de la Basílica de Letrán nos ayude a agradecer que tenemos un templo parroquial. Cuidemos la iglesia-edificio, tanto en sus aspectos externos como sobre todo en lo que es su verdadera función: crear el espacio adecuado para que mane el agua de vida, de gracia, para enseñarnos y ayudarnos a recordar que el Espíritu de Dios habita en nosotros, y que somos templos vivos de Dios, y que tenemos que favorecer que esa misma agua llegue a todos los necesitan encontrar la fuente de la verdadera Vida, que es Cristo.