Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Fieles Difuntos

Experiencia humana y experiencia de fe

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Siempre el 2 de noviembre, al día siguiente de la fiesta de Todos los Santos, en la Iglesia celebramos la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Hoy es un día en el que el pensamiento y el corazón se van llenando de los rostros de los seres queridos que han muerto, y brotan en nosotros los recuerdos, las añoranzas, y cierta tristeza. Y también en un día como hoy es inevitable plantearse las grandes cuestiones acerca de la vida y de la muerte, cuestiones que habitualmente no nos inquietan, pero que en un día como hoy no podemos dejar de lado.
JUZGAR:
Estas cuestiones tendemos a plantearlas o bien desde un punto de vista puramente humano, o bien desde la fe en Dios. Si lo hacemos desde un punto de vista puramente humano, haremos nuestras las palabras que la 1ª lectura pone en boca de quienes “razonan equivocadamente”: la vida es corta y triste, y el trance final del hombre, irremediable; y no consta de nadie que haya regresado del abismo… pasaremos como quien no existió… Nuestro nombre caerá en el olvido con el tiempo, y nadie se acordará de nuestras obras.
Si nos quedamos en un punto de vista puramente humano, puramente material, es lógico que pensemos así, porque la experiencia humana no nos permite constatar nada más. Pero como también decía la 1ª lectura, así discurren y se engañan.
Si estamos hoy aquí es porque queremos plantearnos las cuestiones de la vida y de la muerte desde la fe en Dios. Una fe que no es una fantasía que hemos inventado para no tener que enfrentarnos a la cruda realidad de la muerte, porque la fe en Dios, con todo lo que conlleva, supera con creces nuestra imaginación. La 1ª lectura ya apuntaba algo al respecto: Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propio ser. La fe en Dios no nos lleva a esperar una simple prolongación de una vida similar a la que aquí tenemos: hemos sido creados a imagen de Dios, y por tanto, podemos poner nuestra esperanza en algo infinitamente superior, que indicaba san Pablo en la 2ª lectura: estaremos siempre con el Señor. No pretendemos escapar de la cruda realidad de la muerte: la aceptamos pero esperamos “estar siempre con el Señor”, compartir su misma vida.
Pero, ¿cómo podemos esperar eso, si la experiencia humana nos muestra que todo termina con la muerte? Gracias a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, y que como ha muerto y ha resucitado, une en sí la experiencia humana y la experiencia de fe. Él sí que “ha regresado del abismo”, por Él estamos hoy aquí reunidos, y por Él se cumple lo que hemos escuchado en la 2ª lectura: a los que han muerto Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Y así estaremos siempre con el Señor.
Pero como hemos dicho, la fe en Dios supera con creces lo que podemos imaginar. Y para que podamos estar siempre con el Señor y compartir su misma vida, Jesús nos ha dicho en el Evangelio: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Esto es algo que nosotros nunca hubiéramos podido inventar desde nuestra experiencia humana, pero Jesús, partiendo de nuestra humanidad y sin negarla, abre un horizonte inimaginable: el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El que come este pan vivirá para siempre.
ACTUAR:
Ante las cuestiones de la vida y de la muerte que hoy nos estamos planteando, conmemorando a Todos los Fieles Difuntos, descubrimos que debemos tener presente la experiencia humana, pero complementándola con la experiencia de fe. Debemos tener presente que nosotros no hemos inventado a Dios, que ha sido Dios mismo quien ha venido a nosotros haciéndose hombre en Jesús, viviendo una vida como la nuestra, pasando también por el trance de la muerte física, pero resucitando, para que no nos aflijamos como los hombres sin esperanza.
Más aún, Él se nos entrega totalmente, con su Cuerpo y su Sangre, cada vez que celebramos la Eucaristía, para que tengamos vida eterna. Por eso hoy la experiencia humana ante la muerte la complementamos con la experiencia de fe al celebrar la Eucaristía, con la certeza de que así Él habita ya en nosotros y un día podremos estar siempre con Él en su Reino, junto con todos los Fieles Difuntos a quienes hoy estamos recordando.

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