Símbolo de salvación
VER:
En la antigua mitología griega, el dios de la medicina era Asclepio, cuya hija, Higía, era la encargada de preparar los remedios. Se representaba a esta diosa como una mujer joven, rodeada por una serpiente que vertía el veneno en una vasija. De ahí surgió el símbolo de las farmacias, que es una serpiente enroscada en una copa, y que suele resultar chocante. Representa el poder del veneno, que o bien puede matar, o bien puede curar una vez se ha convertido en medicamento en la copa.
JUZGAR:
Hoy estamos celebrando la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz. Y a muchos también les resulta chocante, incluso les escandaliza, que demos tanta dignidad, e incluso veneremos, a un instrumento de tortura y muerte cruel como es la cruz, que el imperio romano reservaba a los peores criminales.
Pero no estamos exaltando la cruz por sí sola; hoy celebramos lo que hemos dicho en la oración colecta: que Dios ha querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de su Hijo, muerto en la cruz. Hoy celebramos la Cruz pero con Jesús, porque como diremos después en el Prefacio: has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo su origen la muerte, de allí resurgiera la vida. Del mismo modo que, como indica el símbolo de las farmacias, el veneno puede matar o bien puede curar una vez se ha convertido en medicamento, la cruz sola es instrumento de muerte, pero la Cruz con Jesús se convierte en instrumento de curación, de salvación. Y éste es el misterio que hoy estamos celebrando.
La cruz, el dolor, siempre hará surgir en nosotros la pregunta del “¿por qué?”, una pregunta que lógicamente dirigimos a Dios, como hizo el pueblo de Israel que estaba extenuado del camino y habló contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto?
Y la respuesta de Dios a nuestra pregunta, a nuestra queja, la hemos escuchado en el Evangelio: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Ante la cruz, ante el dolor, Dios no nos ofrece palabras consoladoras desde la lejanía; la respuesta que nos da es que en su Hijo pasa por esa cruz y ese dolor, como hemos escuchado en la 2ª lectura: Cristo, a pesar de su condición divina… se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos… se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Cristo comparte la Cruz con todos los que tienen que padecer alguna cruz en su vida, y por eso Dios lo levantó sobre todo. Por haber compartido Cristo esa muerte de Cruz, el instrumento de muerte que es la cruz, todo instrumento de muerte que podamos encontrarnos, cuando nos unimos a Él, pasa a ser instrumento de salvación: así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna… para que el mundo se salve por él.
Muchas veces la cruz, el dolor, son un misterio, no sabemos a qué se deben. Pero tenemos el “medicamento” para contrarrestar su “veneno mortal”: Cristo en la Cruz.
Por eso hoy celebramos la exaltación de la Cruz, porque como dijo el Papa Francisco: Dios ha querido asumir nuestra historia y caminar con nosotros. ¡Dios hace este camino por amor! No hay otra explicación: sólo el amor hace estas cosas. El misterio de la Cruz sólo se puede entender de rodillas, en la oración (14 de septiembre de 2013).
ACTUAR:
Hoy es un día para traer a la memoria y al corazón las diferentes situaciones de cruz, propias y ajenas, con que nos encontramos. El Papa también dijo: Sin llorar, un llanto en el corazón, no se podrá jamás comprender este misterio. Es necesario aprender a llorar ante tantas cruces.
Pero no sólo las traemos a la memoria y al corazón: debemos contemplar a Jesús en la Cruz para presentárselas a Él en la oración, ya que Él ha vencido la cruz y la ha convertido en instrumento de salvación, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Y como también nos recuerda el Papa: Para entrar en este misterio, siempre tenemos necesidad de la Madre. Que sea ella la que nos acompañe en este viaje. No puede hacerlo nadie más que nosotros mismos, pero con la Madre, llorando y de rodillas.