Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del domingo XXIII del TO-A

Seamos muchos o pocos

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VER:
Durante el tiempo de Seminario, fuimos de visita a una población rural, en la cual había una comunidad de una Orden religiosa. La sorpresa fue que esta comunidad estaba formada solamente por dos miembros, pero llevaban a cabo una gran labor pastoral no sólo en esa población, sino en otras de la comarca. A nuestras preguntas respondieron que por supuesto que les gustaría que la comunidad fuera más numerosa, pero eso lo dejaban en las manos de Dios; ellos procuraban llevar adelante la misión que tenían, tanto en las poblaciones como en lo referente a su Orden: se distribuían las diferentes tareas y responsabilidades, intercambiándoselas cuando transcurría el tiempo establecido. Incluso bromeaban al respecto, uno de ellos, que en ese período no era Prior, nos decía riendo: “El año que viene hay elecciones a Prior y las ganaré yo”.
JUZGAR:
Como decíamos la semana pasada, en estos días está comenzando un nuevo curso pastoral, tras el paréntesis del verano. Y es frecuente que los agentes de pastoral, al disponerse a iniciar las actividades, expresen un cierto cansancio, la acedia contra la que hay que luchar, como ya vimos. Uno de los motivos de esa acedia es la escasez de personas que estén dispuestas a asumir responsabilidades en la misión evangelizadora: “Cada vez somos menos y más viejos”, suelen decir.
Así lo indica el Papa Francisco en Evangelii gaudium: Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre. Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años (81).
Para decir “¡No a la acedia!”, como nos indica el Papa, hoy tenemos que dejarnos cuestionar por las palabras que Jesús nos ha dicho en el Evangelio: donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Es lógico que nos duela ver la disminución de los agentes de pastoral, y que lo que yo no haga, lo que cada uno no hagamos, quedará eternamente por hacer.
Pero debemos recordar que para Dios el número no es determinante, que la cantidad no es lo importante, sino que la misión evangelizadora se rige por otros parámetros: de lo que se trata es de ser como un grano de mostaza, o como levadura en la masa (cfr. Mt 12, 31-33), recordando que nosotros sembramos ese grano, pero el grano crece por sí solo (cfr. Mc 4, 26-29).
La Palabra de Dios hoy nos recuerda que debemos aprender a dejar en manos de Dios lo que no depende de nosotros. Lo que a nosotros nos corresponde, seamos muchos o pocos, es ser buen grano, buena levadura, y sembrar el Reino. Como decía la 1ª lectura: cuando escuches la palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Nosotros, seamos muchos o pocos, debemos escuchar la Palabra de Dios y transmitirla, tanto si encontramos respuesta como si no la encontramos.
Lo que a nosotros nos corresponde, seamos muchos o pocos, es llevar adelante la misión evangelizadora según nuestras posibilidades y al estilo de Jesús, como hemos escuchado en la 2ª lectura: A nadie le debáis nada más que amor… amar es cumplir la ley entera. Porque aunque formásemos un grupo grande y con muchos medios, si no tengo amor, de nada me sirve (cfr. 1Cor 13, 1-3). Y sobre todo, a nosotros nos corresponde, seamos muchos o pocos, cuidar la espiritualidad como fundamento y motor de toda la misión, para recordar que Él está en medio de nosotros.
ACTUAR:
¿Alguna vez he pensado que “cada vez somos menos y más viejos”? ¿He asumido algún compromiso en la misión evangelizadora, o soy de los que los rechazo, como decía el Papa? El objetivo pastoral del año pasado era: “La parroquia es c@sa de tod@s, familias en comunión y misión”, ¿cómo lo viví, en qué me comprometí? ¿Cómo evalúo mi ser “grano, levadura” del Reino? ¿Cómo evalúo mi amor al prójimo?
Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. La Eucaristía es el momento privilegiado de encuentro entre nosotros, seamos muchos o pocos, y el Señor. Que este encuentro nos dé fuerzas para seguir adelante con la misión evangelizadora, poniendo nuestra confianza en el Señor. Como dice el Papa: Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo que el Señor dijo a san Pablo: «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad» (2 Co 12,9).

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