Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilia del domingo XXI del TO-A

La ignorancia es muy atrevida

 Descargar homilia

VER:
Es frecuente, en programas televisivos o radiofónicos, que los mismos comentaristas hablen de cualquier tema que consideren “de actualidad”; y así hablan y dan opiniones lo mismo de política, que de religión, que de personajes de la llamada “prensa del corazón”. Sorprende ver cómo para cualquier tema tienen palabras, aunque a menudo, escuchándoles hablar (sobre todo en temas de religión), uno no puede menos de pensar que sería mejor que no dijesen nada al respecto porque no saben de qué hablan. Pero como dice un refrán: “La ignorancia es muy atrevida”.
JUZGAR:
Este refrán también nos lo debemos aplicar nosotros, quienes somos y formamos la Iglesia, a la hora de hablar de Dios, porque podemos caer en el error de dar simples “opiniones”, como si fuéramos unos comentaristas religiosos. Es lo que hemos escuchado en el Evangelio, cuando Jesús preguntó: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Y la respuesta fue: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
La expresión “Hijo del hombre” era conocida por la gente, pero de manera superficial y por eso cada uno da “su” opinión. Hoy en día sigue ocurriendo lo mismo. “Dios” es conocido por la gente, pero demasiadas veces cada uno da “su” opinión. Y como indica el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos “SER CRISTIANOS EN EL CORAZÓN DEL MUNDO”: contemplando las religiones desde hoy, vemos que en medio de hallazgos religiosos sublimes, también encontramos dificultades insuperables y errores de apreciación de lo santo o lo divino (T. 1). Y tristemente podemos comprobar que se cumple el refrán: “La ignorancia es muy atrevida”.
Pero ese refrán también puede cumplirse entre quienes somos y formamos la Iglesia. Por eso hoy tenemos que sentirnos profundamente cuestionados por Jesús: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Como indica el IFCA, debemos recuperar nuestra capacidad de asombro, no suponer que “ya nos lo sabemos”, más bien al contrario, presuponer que no nos lo sabemos, y esto, especialmente, quienes hace ya años que vivimos nuestra vida al amparo de la Iglesia (T. 1).
Para que ese refrán no se cumpla en nosotros, para no ser unos simples “tertulianos religiosos” a la hora de hablar de Dios, es necesario seguir una formación cristiana, como indica el Papa Francisco en Evangelii gaudium: Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio (121). Y esa formación, que contrarresta nuestra ignorancia, nos enseñará a no ser atrevidos cuando hablamos de Dios, porque como indica el IFCA: Nuestro conocimiento de Dios es limitado. Por tanto es también limitado nuestro lenguaje sobre Dios. Hemos de hablar de Dios respetando la eterna exigencia de no tomar el nombre de Dios en vano (T. 3).
De este modo, la formación nos llevará a profundizar en nuestra oración como encuentro con Dios para conocerle, y en ese encuentro descubriremos lo que San Pablo decía en la 2ª lectura: ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¿Quién conoció la mente del Señor? Y desde esa oración y esa formación, nuestras palabras sobre Dios surgirán no como “nuestra opinión”, sino como la entrega total de la propia vida al Misterio de Dios que se revela como Amor. Es razonable creer en un Dios que por su excelencia infinita es incomprensible para nosotros. “Si fuéramos capaces de comprenderlo no sería Dios” (S. Agustín). (IFCA T. 3).
ACTUAR:
¿Cómo calificaría mi conocimiento de Dios? ¿Soy atrevido al hablar de Él? ¿Sigo alguna formación cristiana, o soy de los que piensan que “esto ya me lo sé”? ¿Acepto que Dios sea Misterio?
Dice el Papa Francisco: La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados (120). Pero como “la ignorancia es muy atrevida”, la nueva evangelización comienza en nosotros mismos, para no ser atrevidos por nuestra ignorancia. Por eso es imprescindible la formación, porque sabemos muchas cosas de la religión católica. Pero también sentimos la necesidad de dejarnos evangelizar de nuevo por si podemos alcanzar una fe más evangélica, más centrada en lo esencial del Evangelio de Jesús y una vida más coherente con nuestra fe, para que seamos presencia de Dios en nuestra sociedad y en nuestro mundo (IFCA T. 1).

Los comentarios están cerrados.