Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilia del domingo XV del TO-A

Compensa

 Descargar homilia

VER:
Comentaba una persona: “Si te paras a pensar en esta vida, para cuatro ratos buenos que puedes tener, si es que puedes tenerlos, hay tantas situaciones dolorosas y tanto sufrimiento que no compensa.” Si midiésemos la vida mediante estadísticas, esta afirmación sería cierta en muchos casos, y esta experiencia lleva al sinsentido de la vida, o como mínimo al desengaño, como expresa el escritor Fiodor M. Dostoyevski en su novela “Los hermanos Karamazov”. Iván Karamazov no quiere aceptar el mundo creado por Dios. Para él es demasiado elevado el precio que debe pagar como hombre por el sufrimiento que colma el mundo. Dice: “Mi bolsillo no me permite abonar un precio de entrada tan elevado. Por eso me apuro a devolver mi entrada. No se trata de que no reconozca el valor de Dios, Aliosha, pero con el mayor de los respetos le devuelvo la entrada”. Para este personaje, nada en la vida compensa el dolor y sufrimiento que hay en el mundo.
JUZGAR:
Teniendo presentes las experiencias muy duras que a veces tienen que vivir las personas, y la reacción que pueden provocar en ellas, la Palabra de Dios de este domingo nos muestra que las estadísticas de Dios no son como las nuestras, y sí que compensa esta vida a pesar del dolor.
Si mirásemos el Evangelio de hoy desde nuestra perspectiva, de las estadísticas y porcentajes, a ese sembrador no le compensa el esfuerzo que ha realizado, puesto que sólo una cuarta parte de la semilla cae en tierra buena; más aún, ni siquiera esa parte da toda la misma cantidad de grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.
Pero desde la perspectiva de Dios, que es el Sembrador, esa cuarta parte que da fruto compensa el esfuerzo realizado y la pérdida de las otras tres cuartas partes, porque significa el que escucha la Palabra y la entiende. Y ése es el objetivo del Sembrador y el fin de la semilla del Reino.
En la 2ª lectura san Pablo se sitúa también en la perspectiva de Dios: Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. San Pablo nos indica que sí que compensa todos los trabajos que tengamos que soportar ahora, puesto que lo que nos espera es la misma gloria de Dios.
Y San Pablo no niega ni rechaza el dolor y el sufrimiento, a pesar de esa esperanza: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Y no sólo nosotros: hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Pero sabe que al final lo que nos espera es la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Es normal que en ocasiones nos venza el desánimo, que pensemos que esa esperanza futura no compensa todos los trabajos y todo el sufrimiento actual. Pero la Palabra de Dios nos ha recordado: Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla… así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo. Si nos dejamos empapar y fecundar por la Palabra de Dios, si somos tierra buena porque la escuchamos, la meditamos y nos formamos para entenderla, obtendremos fruto: ciento o setenta o treinta por uno, y ese fruto compensa todo lo demás: muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
ACTUAR:
¿He pensado alguna vez, como el personaje Iván Karamazov, que esta vida no compensa tanto dolor y tanto sufrimiento, quisiera “devolver mi entrada”? ¿Me dejo sembrar por Él, cómo acojo su Palabra, qué tipo de terreno soy habitualmente? ¿Creo de verdad en la fuerza viva y transformadora de esa Palabra? Aunque a veces esté gimiendo en mi interior, ¿tengo presente la esperanza en la gloria que un día se nos descubrirá? ¿Esa esperanza me compensa por todo lo negativo?
Decía San Pablo: la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Ante la realidad del dolor y del sufrimiento, hagamos nuestra la oración colecta: pidamos al Señor que nos conceda a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre, y cumplir cuanto en él se significa en nuestro día a día, porque la creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios, la manifestación de los frutos que produce escuchar y entender la Palabra, unos frutos que compensan todo el dolor y el sufrimiento porque llevan a la gloria de Dios.

Los comentarios están cerrados.