He oído hablar mucho de ti
VER:
A menudo no conocemos personalmente a la familia de nuestros amigos, compañeros de trabajo o estudio, etc. Son estas personas las que, en el trato cotidiano, nos van hablando de su familia, contándonos lo que hacen y piensan, cómo son… Nosotros nos fiamos de lo que nos cuentan y de algún modo vamos teniendo un conocimiento de esa familia. Y si por fin se produce el encuentro personal, cuando somos presentados es normal que les digamos: “He oído hablar mucho de ti”.
JUZGAR:
Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la “Familia” de Jesús. Una “Familia” de la que tenemos un cierto conocimiento porque Jesús, durante su vida pública, se refirió a ellos en muchas ocasiones: Él hablaba con naturalidad de su Padre, y de sí mismo como el Hijo, como hemos escuchado en el Evangelio de hoy: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único… Dios no mandó a su Hijo al mundo… Y también prometió varias veces que enviaría el Espíritu Santo.
Jesús no daba explicaciones ni razonamientos acerca de las relaciones entre los “Miembros” de su “Familia”, pero la naturalidad con que se refería al Padre y al Espíritu Santo, y la experiencia de Pentecostés, hizo que los discípulos, aunque sin comprender en profundidad lo que eso significaba, creyeran en Jesús, se fiaron de Él y desde el principio tuvieron claro que “así es Dios”.
Ellos sabían que ese Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo es el Dios del amor y de la paz al que san Pablo se refería en la 2ª lectura. Y sabían, como hemos escuchado en el Evangelio, que el Padre, por medio del Espíritu, no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él… para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tenga vida eterna. Y esto era lo primordial para los discípulos. Por eso san Pablo termina la 2ª carta a los Corintios diciendo: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros. Porque también ellos viven con normalidad su fe en el Dios Trinidad y así lo transmiten.
Por supuesto que necesitamos conocer mejor a este Dios, a esta “Familia” que nos ha revelado su Misterio, y la reflexión teológica la encontramos resumida en el Prefacio de esta fiesta: Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, que con ti único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza… e iguales en dignidad. Pero la reflexión teológica parte de la fe, como también indica el Prefacio: es lo que creemos de tu gloria porque tú lo revelaste. El misterio de la Santísima Trinidad no es el producto de un razonamiento o de una reflexión, es algo que hemos recibido, que nos ha sido revelado por Jesús, y nosotros creemos en Él y desde la fe constatamos que es cierto, aunque siga siendo un misterio.
ACTUAR:
Pero es un misterio de Amor. La Santísima Trinidad es una “Familia” cuya esencia es el Amor. Dios se nos ha revelado para que tengamos vida eterna. En la 1ª lectura, Moisés pronunció el nombre del Señor; nosotros, gracias al Hijo enviado por el Padre, no sólo podemos pronunciar su Nombre, sino que podemos tener acceso a ese misterio de Amor, por el Espíritu Santo podemos insertarnos en Él y relacionarnos con Él con normalidad, y anunciarlo como los primeros discípulos, porque como decimos antes de iniciar el Padre Nuestro, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”.
Aprovechemos que tenemos un cierto conocimiento de esta “Familia”, cumplamos lo que hemos pedido en la oración colecta: profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa, para que cuando nos llegue el momento de encontrarnos personalmente con este Misterio de Amor, podamos decir también: “He oído hablar mucho de ti”.