Hemos logrado un ascenso
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Un cura fue trasladado, a los dos años de llegar a una parroquia pequeña, para ocupar una responsabilidad en la organización diocesana. La gente de la parroquia estaba dolida porque su traslado se realizaba tan pronto, y le decían: “Nosotros entendemos que usted quiera ascender, pero es que ha estado tan poco tiempo aquí…” El cura intentaba explicarles que no se trataba de eso, pero este hecho refleja la mentalidad muy arraigada que tenemos respecto a que, sea cual sea nuestro lugar en la vida, hay que ascender, en el sentido empresarial de la palabra: Promoción a mayor dignidad o empleo. Y a menudo, tanto desde fuera como desde dentro, vemos la Iglesia como si fuese también una empresa en la que hay que medrar para no quedarse de los últimos.
JUZGAR:
El Papa Francisco lo señaló en su homilía del pasado 5 de mayo: Algunos siguen a Jesús… porque buscan el poder. ¡Y en la Iglesia hay trepadores! Hay muchos que usan a la Iglesia para trepar. Y lanza una pregunta: ¿Cómo sigo yo a Jesús? ¿Sólo por Él, incluso hasta la Cruz, o busco el poder y uso a la Iglesia un poco, a la comunidad cristiana, a la parroquia, a la diócesis para tener un poco de poder? Poder del tipo que sea, pero que me permita estar por encima de otros, tener alguna ventaja sobre otros. Por eso el Papa decía: Porque nosotros somos todos pecadores y siempre hay algo de interesado que debe ser purificado en el seguimiento de Jesús; y debemos trabajar interiormente –ha añadido– para seguirlo por Él, por amor.
Para que no nos confundamos, para purificar nuestro seguimiento de Jesús, hoy celebramos la fiesta de la Ascensión. Como diremos después en el Prefacio (I): Jesús… ha ascendido hoy… a lo más alto del cielo. Pero no ha sido un “ascenso” para lograr él una mayor dignidad, sino con una intención muy clara: ha querido precedernos, como cabeza nuestra.
Por eso, en cierto modo, nosotros, gracias a Cristo, ya “hemos logrado un ascenso”, como hemos pedido en la oración colecta: donde nos ha precedido él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros, como miembros de su cuerpo. Pero para “lograr ese ascenso”, para seguirle a Él, necesitamos, como decía la 2ª lectura, espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Necesitamos conocer bien a Cristo porque para llegar a ascender también nosotros adonde Él ha llegado ya, debemos, como nos ha dicho en el Evangelio: hacer discípulos de todos los pueblos… enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y lo que Él nos ha mandado es: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 15, 12). Para guardar y enseñar a guardar todo lo que Él nos ha mandado, debemos paradójicamente abajarnos, como Él se abajó a pesar de su condición divina, despojándose de su rango y pasando como uno de tantos (cfr. Flp 2, 6-8). El camino de la ascensión pasa necesariamente por el del abajamiento y el servicio por amor a Dios y al prójimo.
No es fácil lograr ese ascenso, pero como diremos también en el prefacio, No se ha ido para desentenderse de este mundo, y por eso, como hemos escuchado en la 1ª lectura, cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos. El ascenso lo tenemos logrado; podemos seguir a Cristo, por amor, por el Espíritu Santo que Él nos ha enviado.
ACTUAR:
¿Tengo mentalidad empresarial respecto a la Iglesia? ¿Uso, como ha dicho el Papa, a la parroquia, a la diócesis, para tener un poco de poder, para sentirme por encima de otros, para tener alguna ventaja? ¿Sigo a Cristo por amor, o bien por algún tipo de interés? ¿Cómo guardo su mandamiento? ¿Estoy dispuesto a abajarme como Él, para guardarlo y hacerlo guardar?
La semana que viene, con la fiesta de Pentecostés, celebraremos que gracias al Espíritu Santo hemos recibido la fuerza necesaria para seguir a Cristo en el camino de nuestra vida y también en su Ascensión, como hoy estamos celebrando. Por eso, como diremos en el Prefacio, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino, pero a su modo, y no por algún tipo de interés.
Como ha dicho el Papa: Hay muchos que usan a la Iglesia para trepar. ¡Pero si te gusta, vas al Norte y haces alpinismo: es más sano! ¡Pero no vengas a la Iglesia a trepar! Por eso, Pidamos al Señor la gracia –ha concluido Francisco– que nos dé al Espíritu Santo para ir detrás de Él con rectitud de intención: sólo por Él.