Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VI de Pascua

Total, para lo que queda

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VER:
En ocasiones, cuando algo (una actividad, una celebración, algunos espectáculos) está llegando a su fin, es fácil que decaiga nuestro interés. Solemos decir o pensar: “Total, por lo que queda…” y ya no prestamos tanta atención, no nos merece la pena, incluso no esperamos a que termine y directamente pasamos a otra cosa que ahora atrae más nuestra atención o nuestro interés.
JUZGAR:
Estamos llegando al final del tiempo de Pascua, y como ya hace mucho que lo estamos celebrando, es fácil que también haya decaído nuestra atención hacia lo que significa este tiempo litúrgico. Podemos pensar: “Total, por lo que queda, ya no vamos a sacar nada nuevo”. Pero la Pascua nos enseña y ayuda a profundizar en la Resurrección de Cristo, y debemos aprovecharla hasta el último momento, hasta Pentecostés, porque el resto del año debemos vivir como “hijos de la Pascua”.
Por eso, en la oración colecta hemos pedido continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado. Porque estos días tienen una finalidad muy clara: que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras, para que podamos vivir como hijos de la Pascua y seamos testigos de la Resurrección de Jesús.
Y aunque estemos al final del tiempo de Pascua, la Palabra de Dios en este domingo precisamente nos invita a profundizar más, en primer lugar, en lo que motiva esa transformación de nuestra vida. Lo ha dicho Jesús en el Evangelio: yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Estamos “habitados” por el Señor Resucitado, íntimamente unidos a Él, por el Espíritu que hemos recibido: vive con vosotros y está con vosotros. Ése es el motivo y el motor que transforma nuestra vida.
Y esa transformación, ese “estar habitados” por el Señor Resucitado se manifestará en nuestras obras: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama. Unas obras que, como hemos escuchado en la 1ª lectura, son un testimonio de fe en el Resucitado: El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo. La gente nota la transformación de Felipe por las obras que hace, y lo mismo nos debería ocurrir a nosotros, que también deberíamos ser significativos por nuestro estilo de vida.
Y el estilo de vida transformado cuestionará y puede dar pie al anuncio explícito de Cristo Resucitado. Por eso debemos “estar siempre prontos para dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pidiere”, como hemos escuchado en la 2ª lectura. Pero sólo podremos dar razón si hemos vivido con la mayor intensidad posible el tiempo de Pascua, de principio a fin. Y aprovecharla no es sólo participar en las celebraciones; la profesión y celebración de nuestra fe nos tiene que motivar a la formación. Porque como dijo Mons. Elías Yanes en la presentación del Itinerario de Formación Cristiana para Adultos Ser Cristianos en el corazón del mundo: Si los cristianos no conocen bien la fe que profesan, ¿cómo pueden dar testimonio de ella en el mundo actual? En otras épocas podría ser suficiente el conocimiento y la experiencia de fe recibidas en ambientes configurados por una cultura cristiana. Eso hoy entre nosotros ya no es posible. Para que la Iglesia pueda evangelizar hoy en nuestra sociedad, es preciso que haya cristianos sólidamente formados en la fe de la Iglesia. Y la celebración y la formación nos llevarán a la acción, porque conoceremos mejor, amaremos más y seguiremos más fielmente a Cristo, guardando sus mandamientos.
ACTUAR:
¿En qué ocasiones he pensado: “Total, por lo que queda…”? ¿Ha perdido intensidad mi celebración de la Pascua? ¿Me sé y siento habitado por el Señor Resucitado? ¿Mis obras manifiestan mi fe en Cristo? ¿Alguna vez me han pedido que dé razón de mi esperanza? ¿Supe responder?
Aunque estemos llegando al final del tiempo de Pascua, la Pascua no termina. En la oración final pediremos que el alimento de salvación que acabamos de recibir fortalezca nuestras vidas. La Eucaristía es la actualización de la Pascua, nos permite celebrarla cada domingo, es el momento máximo de encuentro con el Resucitado porque Él, por la fuerza del Espíritu, se hace alimento para que sintamos que habita en nosotros, para fortalecernos de modo que podamos cumplir sus mandamientos y con nuestra vida, palabras y obras, demos razón de nuestra esperanza.

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