Cuestión de lenguaje
VER:
En un tema de formación se sugería utilizar un texto del número 2 de la constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, que empieza así: El Padre Eterno, por una disposición libérrima y arcana de su sabiduría y bondad, creó todo el universo… Y siempre había que explicar qué significaba esa frase. Una dificultad que nos encontramos a la hora de acompañar grupos de formación es el lenguaje utilizado. Bastantes veces los miembros de un grupo se quejan de que determinados documentos del Magisterio, y en general la Iglesia, utilizan un lenguaje que no es fácilmente comprensible para la mayoría de las personas, y eso dificulta la transmisión del mensaje.JUZGAR:
Hoy, en el Evangelio, parece que a Jesús le ha pasado algo parecido. Él ha estado utilizando una comparación entre un pastor y un bandido, unas ovejas… Y el propio texto indica: Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.
Dentro de la nueva evangelización, esta dificultad de comprensión y de lenguaje es señalada por el Papa Francisco en Evangelii gaudium (158): Frecuentemente sucede que los predicadores usan palabras que aprendieron en sus estudios y en determinados ambientes, pero que no son parte del lenguaje común de las personas que los escuchan. Hay palabras propias de la teología o de la catequesis, cuyo sentido no es comprensible para la mayoría de los cristianos.
¿Qué hacer? En el Evangelio hemos visto que Jesús “cambia su discurso” y ya no usa comparaciones, habla de sí mismo: yo soy la puerta de las ovejas… yo he venido para que tenga vida y la tengan abundante. En definitiva, lo que debemos entregar es a Cristo, que es el núcleo esencial del Evangelio (36): En este núcleo fundamental lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado.
Es lo que Pedro predicó el día de Pentecostés, como hemos escuchado en la 1ª lectura: Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. Y nosotros estamos llamados por el Señor, a continuar anunciando el núcleo esencial del Evangelio, a continuar anunciándole a Él como Señor y Mesías. Como sigue diciendo el Papa Francisco (127): Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación (…) es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino.
Y cuando nos preguntemos cómo empezar ese anuncio, el Papa nos dice (128): En esta predicación, siempre respetuosa y amable, el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra.
Y a la hora de presentar la Palabra, otro consejo del Papa (157): Uno de los esfuerzos más necesarios es aprender a usar imágenes en la predicación, es decir, a hablar con imágenes (…) Una imagen atractiva hace que el mensaje se sienta como algo familiar, cercano (…) Una imagen bien lograda puede llevar a gustar el mensaje que se quiere transmitir, despierta un deseo y motiva a la voluntad en la dirección del Evangelio. Y una de las imágenes más logradas para hablar de Cristo, y que ha sido siempre muy querida, es la del Buen Pastor, pero sólo será bien comprendida si sabemos transmitir su sentido y su contenido en el lenguaje adecuado a la mentalidad de las personas de nuestro tiempo.
ACTUAR:
¿Me encuentro con dificultades de comprensión y de lenguaje? ¿Qué hago para superarlas? ¿Me siento convocado a la nueva evangelización, llevo el Evangelio a las personas con las que trato habitualmente? ¿Cómo les explicaría el sentido y el contenido de la imagen de Jesús como Buen Pastor? ¿Qué formación estoy siguiendo para saber dar razón de mi esperanza, que es Cristo?
Es cierto que debemos hacer el esfuerzo para presentar el núcleo esencial del Evangelio, que es el amor de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado, de modo que pueda ser comprendido por quienes nos escuchan. Pero la respuesta de fe, la adhesión a Cristo, dependerá de la libertad del oyente. Por eso siempre deberemos tener presentes las palabras del Papa (42): nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos.