Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía II de Pascua – A

A los ocho días…

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A veces, después de un acontecimiento muy esperado, si la preparación y la celebración de ese acontecimiento han sido de mucha intensidad, al recuperar el ritmo habitual de nuestra vida a los pocos días tenemos la sensación de que ya queda lejano, que “ya pasó”, y sólo queda el recuerdo.
JUZGAR:
Hace poco hemos estado celebrando la Semana Santa y la Pascua. Fueron días de mucha intensidad, pero ahora, a los ocho días, como hemos escuchado en el Evangelio, ya hemos recuperado el ritmo habitual de nuestra vida, y corremos el riesgo de vivir la Pascua como algo que “ya pasó”.
Pero la liturgia de este Domingo nos recuerda precisamente lo contario: que la Pascua no ha pasado, que no ha hecho más que comenzar, y que debemos seguir viviéndola hoy, ahora, con todo lo que significa para nosotros. Así lo hemos pedido en la oración colecta de la Eucaristía: que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido.
Porque a los ocho días nos puede pasar en cierto modo como a Tomás, que si no veo… no lo creo. No es que dejemos de creer intelectualmente en la Resurrección, pero como ya lo hemos celebrado, ahora nuestra vida sigue su curso como antes, entramos en la monotonía, rutina, hastío…
Para actualizar la Pascua y que no la vivamos como algo lejano, ya pasado, debemos tener presentes las palabras de Jesús: Dichosos los que crean sin haber visto. Como dice el Tema 16 del Itinerario de Formación Cristiana para Adultos “Ser cristianos en el corazón del mundo”, la fe en la Resurrección tiene por objeto un acontecimiento históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente con el Resucitado (…) Los discípulos vieron a Jesús resucitado; no le vieron mientras resucitaba. Nosotros creemos a los discípulos; creemos lo que nos dicen y creemos que ha sucedido lo que nos narran.
Por eso estamos aquí reunidos, porque como decía la 2ª lectura: No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él, y os alegráis… La Pascua no es algo pasado, somos dichosos aunque no hayamos visto porque estamos llamados a participar de la muerte y resurrección del Señor, especialmente por el Bautismo y la Eucaristía, y en la totalidad de nuestra vida, con la gracia del Espíritu Santo.
Como también decía la 2ª lectura, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Y ese nuevo nacimiento y esa esperanza viva las manifestaremos si llevamos un estilo de vida similar al de aquéllos que sí se encontraron físicamente con el Resucitado: eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. La formación, la Eucaristía, la oración… FORMACIÓN-ACCIÓN-CELEBRACIÓN, sabiéndonos y sintiéndonos Iglesia, son fuente constante de actualización de la Pascua que estamos celebrando, que seguimos celebrando como el primer día.
ACTUAR:
A los ocho días de la Pascua, ¿es actual para mí, o en la práctica es algo ya pasado? ¿Mi vida cotidiana sigue igual que antes? ¿Me siento dichoso por creer sin haber visto? ¿Mi estilo de vida manifiesta mi fe en Cristo Resucitado? ¿Creo que es un testimonio creíble para otros?
La Pascua no ha pasado. La resurrección significa que Dios ha intervenido en nuestra historia (…) Jesús mismo, verdadero Dios y verdadero hombre, ha resucitado de la muerte. La muerte ha sido vencida (…) el pecado del ser humano no tiene la última palabra.
Vivamos como “hijos de la Pascua”, actualicemos el Misterio que estamos celebrando, aprovechando las oportunidades de formación que se nos ofrecen, participando activa y conscientemente en la Eucaristía, cuidando la oración como diálogo y encuentro con Dios, comprometidos en la construcción del Reino, potenciando la dimensión comunitaria de nuestra fe, sabiéndonos Iglesia, enviados a nuestro mundo para que seamos testimonio vivo y creíble de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en su nombre.

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