Tradiciones humanas y Tradición Apostólica (4)
VER:
Desde el Domingo de Ramos hemos estado reflexionando acerca de la diferente entre las tradiciones humanas que rodean toda la Semana Santa, y lo que la Tradición Apostólica nos dice respecto a ella. Porque las tradiciones humanas son las costumbres conservadas en un pueblo y que se han transmitido de padres a hijos, y la “Tradición Apostólica” (del latín tradere: transmitir), como dice el Catecismo es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo por la predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados, y que se realiza de dos modos: con la transmisión viva de la Palabra de Dios y con la Sagrada Escritura. Y lo que da sentido y contenido a la Semana Santa no son las tradiciones humanas, sino la Tradición Apostólica que hemos recibido.
JUZGAR:
Entre las tradiciones humanas del Domingo de Resurrección figura sobre todo la del “Encuentro”, en la que la piedad popular escenifica el encuentro entre Cristo Resucitado y su Madre, del que no encontramos noticia en los Evangelios. También en este día hay desfiles festivos, reparto de caramelos, y en muchos lugares es costumbre salir de excursión para comerse la “mona”.
Pero lo que hace grande de este día, el Domingo por excelencia para todos los cristianos, nos lo ha indica la Tradición Apostólica, tanto en la Vigilia Pascual como en el Domingo de Resurrección. En la Vigilia Pascual hemos escuchado (escuchamos anoche) en la monición a la bendición del fuego: En esta noche santa… La Iglesia invita a todos sus hijos… a que se reúnan para velar en oración. Y sobre todo, la Tradición Apostólica nos ha transmitido el gran anuncio que hemos escuchado (escuchamos anoche) en el Evangelio: buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado, como había dicho… Alegraos… No tengáis miedo.
Y la Tradición Apostólica también nos ha hecho llegar la consecuencia que este gran anuncio tiene para nosotros: así como Cristo fue despertado de entre los muertos… así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque si nuestra existencia está unida a Él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya… Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Y en el Domingo de Resurrección, la Tradición Apostólica nos ha transmitido en el Evangelio que los discípulos, representados por Pedro y Juan, no eran unas personas crédulas, que ellos no esperaban la Resurrección, y que el sepulcro vacío fue para ellos el comienzo de su comprensión, pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.
Y la Tradición Apostólica también nos transmite el cambio profundo que eso supuso para ellos, como hemos escuchado (escucharemos mañana) en la 1ª lectura: Nosotros somos testigos de todo lo que hizo… Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó… Nos encargó predicar al pueblo…
Y de nuevo en este día la Tradición Apostólica nos indica las consecuencias que esta predicación debe tener para nosotros: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba… Nuestra vida no puede seguir como antes de recibir este anuncio. También nosotros debemos entender la Escritura y, de palabra y obra, ser apóstoles, testigos de la Buena Noticia: HA RESUCITADO.
ACTUAR:
Aunque humanamente nos gustaría, nosotros no necesitamos tener un “encuentro” físico con Cristo Resucitado. Nuestro encuentro con Él por la fe, es tan real como el que tuvieron los Apóstoles. Y lo experimentaremos en la medida en que nuestra vida lo refleje: ¿Qué significa para mí el anuncio: “ha resucitado”? ¿Me siento unido a su Resurrección? ¿Qué debo hacer, o dejar de hacer, para “andar en una vida nueva”, para “buscar los bienes de allá arriba? ¿Mi estilo de vida, mis palabras y obras, dan testimonio de Cristo Resucitado?
Vivamos este día con todo el sentido que la Tradición Apostólica nos ha transmitido, y que durante el tiempo de Pascua continuemos profundizando en ello para que, siendo testigos creíbles de la Resurrección, se cumpla lo que pediremos (hemos pedido) en la oración colecta de la Misa del Día: concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu para resucitar en el reino de la luz y de la vida.