Agobios
VER:
Según el diccionario, “agobiar” es imponer a alguien actividad o esfuerzo excesivos, preocupar gravemente, causar gran sufrimiento. Si hiciésemos una encuesta preguntando a las personas: “¿Qué le agobia?”, la lista sería muy larga, y veríamos que no aparecería solamente el tema económico, sino también otros muchos temas. Y esos agobios nos provocan una sensación de inseguridad, de zozobra, de abandono.
JUZGAR:
Esta sensación es la experiencia que recoge la 1ª lectura: Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado. Pero ante esta experiencia, la Palabra de Dios nos ofrece pistas para recobrar la esperanza: ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura…? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. La imagen utilizada es suficientemente gráfica y fácilmente comprensible para todos: el amor de Dios hacia nosotros supera incluso uno de los amores más grandes, que es el de una madre hacia su criatura.
También en el Salmo hemos escuchado la exhortación que hace el salmista, desde su experiencia de fe: Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza… Él es mi roca firme, Dios es mi refugio… Pueblo suyo, confiad en él, desahogad en él vuestro corazón.
Pero quizá lo anterior aún no sea suficiente para nosotros, lo escuchamos pero nos parece algo fuera de nuestro alcance, y ante los agobios sigamos experimentando inseguridad, zozobra y abandono. Por eso en el Evangelio Jesús, verdadero Dios pero también verdadero hombre como nosotros, nos ha indicado: no estéis agobiados por la vida… no andéis agobiados… Y aunque los motivos de agobio son múltiples, para que todos podamos hacer nuestras sus palabras, Jesús hace referencia a algunos agobios “básicos”, comunes a todos, para que nos sintamos interpelados: qué vais a comer…con qué os vais a vestir… Incluso ante el agobio que pueda producirnos la certeza de la muerte, nos dice: ¿quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora a su tiempo de vida?
Jesús no nos dice que los agobios van a desaparecer, no es eso lo que Jesús nos promete: no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. Motivos de agobio siempre tendremos, pero Jesús nos invita a superarlos desde la fe en Dios: ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?
Pero a esa fe hay que añadir la acción: Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.
ACTUAR:
El Evangelio de hoy es uno de los más bonitos en cuanto a imágenes, en cuanto a lenguaje… pero también es uno de los más difíciles de creer y de practicar. Si yo elaboro una lista de mis agobios y la presento al Señor, ¿pienso que “Dios me ha olvidado? o soy capaz de descansar en Él, como decíamos en el Salmo? ¿Soy capaz de seguir buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia? ¿Experimento ese amor de Dios, que no abandona ni olvida?
Seguramente la sensación de inseguridad, zozobra, abandono… vuelva a aparecer; pero Dios está ahí, siempre esta. El próximo miércoles comenzaremos la Cuaresma, un tiempo privilegiado para que nos demos cuenta de cómo Dios en su Hijo hecho Hombre se implica por amor a nosotros en nuestra vida, hasta lo más profundo.
Que la meditación de la pasión, muerte y resurrección del Señor nos dé fuerzas para que, aunque cada día tenga sus agobios y disgustos, podamos afirmar convencidos con el salmista: Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.