Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Epifanía-A

¿Qué le vamos a ragalar?

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VER:

Hoy, para muchos, es un día de sorpresas y regalos, un día para hacerlos, darlos y recibirlos. Cuando regalamos algo, a veces lo hacemos por compromiso, pero en general es porque queremos manifestar a la otra persona nuestro cariño, afecto, nuestra gratitud, que nos acordamos de ella, que la tenemos presente, que es importante para nosotros… Y a la hora de elegir un regalo, lo hacemos pensando no en nosotros, sino en esa persona, en lo que creemos o sabemos que le puede gustar, y sobre todo en lo que va a hacerla feliz.

JUZGAR:

En este día de la Epifanía del Señor, celebramos que Dios–Padre nos ha hecho, a toda la humanidad su máximo Regalo, tanto a los judíos como a los gentiles. También nosotros, en este día, debemos hacer un regalo a Jesús, como lo hicieron los Magos. No por obligación ni por compromiso, sino como expresión de nuestro mayor afecto y gratitud. Por eso, hoy debemos pensar qué le puede gustar a Él, qué puede hacerle feliz.

El primer regalo que debemos hacerle, y después de todo lo que hemos estado contemplando, orando, reflexionando… en estos días, ha de ser nuestra actitud interior, que no puede ser otra que la de los Magos: cayendo de rodillas, lo adoraron. Postrarnos ante Él, adorarle, no como signo sumisión o humillación, sino como la actitud lógica que brota de nosotros al encontrarnos ante el Misterio del Amor de Dios manifestado en este Hijo que se nos ha dado.

Y después, los Magos le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Habitualmente se les da este significado: El oro como Rey, el incienso como Dios, y la mirra en previsión de su pasión y muerte.

Teniendo esto presente, además de adorarle, debemos pensar qué “oro, incienso y mirra” le ofrecemos nosotros, qué le puede gustar que manifieste que es nuestro Rey, nuestro Dios, y que estamos dispuestos a compartir por Él y con Él la parte de Cruz, de pasión, que nos corresponda.

Y aún hay otro regalo que debemos hacerle. Los Magos se marcharon a su tierra por otro camino. También nosotros, después de estos días, debemos “marchar a nuestra tierra”, a nuestra cotidianidad, pero por otro camino. Nuestra vida no puede seguir como antes, rutinaria, triste… como si no nos hubiéramos encontrado con el Dios hecho Hombre. Él es ahora nuestro Camino y debemos marchar por Él.

ACTUAR:

Así pues, en este día de regalos, ¿ya he pensado qué le voy a ofrecer a Jesús? ¿Cómo le adoro? ¿Aprovecho los tiempos para “estar” con Él ante el Sagrario? ¿Cómo reina Jesús en mi vida, en qué se nota? ¿Soy buen “súbdito”? ¿Hay alguna dimensión de mi vida que quede fuera de su Reinado? ¿Es Él verdaderamente mi único Dios, o hay otros “dioses”? ¿Cómo llevo la oración? ¿Cómo es mi participación en la Eucaristía, es el centro de mi vida? ¿Vivo el domingo como “Día del Señor”? ¿Tengo asumido algún compromiso evangelizador o pienso primero en mi comodidad? ¿En qué estoy dispuesto a “sacrificarme”? ¿Estoy dispuesto a “cargar con la cruz” por Cristo?

Por eso, antes de pensar en qué le vamos a regalar, debemos ser conscientes de que hemos recibido el mayor Regalo, y debemos corresponder a Él con nuestra entrega, con ese “oro, incienso y mirra” que debemos incorporar a nuestra vida para que nos lleve por otro camino, el camino de la fe en el Hijo de Dios hecho hombre.

Hoy no terminan las fiestas navideñas. Nosotros debemos darles continuidad, deseando, como diremos en la última oración de la Eucaristía, que a partir de ahoracontemplemos con fe pura y vivamos con amor sincero el misterio del que hemos participado.

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