Ante las pobrezas y los pobres
VER:
El diccionario define “pobre” como necesitado, que no tiene lo necesario para vivir. Tendemos a identificar al pobre con el que carece de bienes materiales, pero como a menudo nos recuerda Cáritas Española, la pobreza abarca muchos más aspectos: económicos, sociales, políticos, sanitarios, educativos, culturales, espirituales… Y Cáritas también nos habla de “nuevas pobrezas” que afectan a personas y grupos que no carecen de recursos económicos, pero están expuestos a la desesperación del sin sentido de la vida, a la caída en adicciones de diferentes tipos, a la renuncia a cualquier tipo de proyecto de vida, a la búsqueda exclusiva del propio placer e interés… Y además, como la Iglesia hemos dicho en repetidas ocasiones, la mayor pobreza del ser humano es desconocer a Cristo.
JUZGAR:
La Palabra de Dios de este domingo hace referencia a diferentes tipos de pobreza: En la 1ª lectura se habla del pobre, del oprimido, del huérfano, de la viuda. En el Salmo se ha hecho referencia a los afligidos, los atribulados, los abatidos. En la 2ª lectura san Pablo aparece como pobre porque todos me abandonaron y nadie me asistió. Y en el Evangelio el publicano se sabe un pobre pecador.
Pero las pobrezas no existen en abstracto: hay personas que las padecen, que las sufren, hay pobres. Por eso, ante tantas pobrezas de diferentes tipos, ante tantos pobres, ante tantos que se sienten necesitados, que no tienen lo necesario para vivir dignamente por un motivo u otro, Dios no permanece indiferente: 1ª lectura: No puede ser parcial… escucha las súplicas… no desoye los gritos… Salmo: Él lo escucha… está cerca de los atribulados, salva a los abatidos… 2ª lectura: seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. Evangelio: éste bajó a su casa justificado.
Ante las diferentes pobrezas, ante los pobres que las sufren, no podemos permanecer indiferentes, como ésos a los que Jesús se dirige, que se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás. Debemos tener presente que nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza (2Cor 8, 9). Y actuar en consecuencia.
ACTUAR:
¿Qué tipos de pobreza identifico a mi alrededor? ¿Me siento pobre? ¿Qué tipo de pobreza padezco? ¿Cómo me relaciono con los pobres del tipo que sean?
Si la mayor pobreza es desconocer a Cristo, como Iglesia que somos, ante tantas pobrezas debemos mostrar que todas ellas tienen ahí su raíz, y ofrecer a Cristo a tantos personas que lo desconocen, para que por nuestro testimonio y nuestro compromiso puedan llegar a afirmar lo que hemos repetido en el Salmo: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Como dijo Mons. Carlos Osoro, arzobispo de Valencia, en una de sus últimas cartas pastorales: ¿Habéis pensado alguna vez que el mayor servicio que se puede hacer a los hombres es entregar de primera mano a Jesucristo? Es lo más positivo, lo más alegre, lo más esperanzador, lo más valioso que se puede dar(14-IX-13).
Y para llevar adelante ese servicio, sólo debemos ofrecer a los demás nuestra propia experiencia de fe, de encuentro con Cristo, como recordó el Papa Francisco en Río de Janeiro citando unas palabras de San Pedro en los Hechos de los Apóstoles (3, 6) que debemos hacer nuestras: No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo. Vengo en su nombre para alimentar la llama de amor fraterno que arde en todo corazón.