Visionarios
VER:
A veces, cuando desde la fe en Cristo Resucitado hablamos de la misión evangelizadora, de la transformación de las personas y del mundo, del futuro posible que Dios quiere… se nos tacha de visionarios. Y esta palabra, según el diccionario, tiene dos significados: la primera acepción es negativa: persona que, por su fantasía exaltada, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas. Éste es el significado con el que nos lo dicen, porque nos consideran unos crédulos que nos imaginamos un mundo de fantasía. Pero hay una segunda acepción para visionario: Que se adelanta a su tiempo o tiene visión de futuro. Y en la historia encontramos muchos “visionarios” en este sentido positivo; por ejemplo, Julio Verne, quien predijo con gran precisión en sus novelas la aparición de algunos de los inventos del siglo XX, como la televisión, los submarinos o las naves espaciales.
JUZGAR:
Hoy la Palabra de Dios nos invita a ser visionarios en este sentido positivo: El Señor me respondió así: Escribe la visión… La visión espera su momento… (1ª lectura). Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas (2ª lectura). Y es cierto que una visión puede ser una creación de la fantasía o imaginación, que no tiene realidad y se toma como verdadera; pero la visión a la que se refiere la Palabra de Dios no es creación de nuestra fantasía o imaginación: nos ha sido dada, nos ha sido revelada por alguien “de fiar”: por Jesús. Y precisamente porque Él es “de fiar”, ante esa visión que Él nos propone, nuestra respuesta es la fe, como decía san Pablo: vive con fe y amor cristiano.
Pero no falta quien piensa que la fe es también una ilusión. En su primera encíclica, Lumen fidei (La luz de la fe), el Papa Francisco dice al respecto: al hablar de la fe como luz, podemos oír la objeción de muchos contemporáneos nuestros (…) Esa luz… ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto (…) La fe se veía como una luz ilusoria (2). La fe se ha visto así como un salto que damos en el vacío, por falta de luz, movidos por un sentimiento ciego (…) pero que no se puede proponer a los demás como luz objetiva y común para alumbrar el camino (3).
Pero frente a estas objeciones, el Papa afirma: Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado (1). Como decía la 1ª lectura: el justo vivirá por su fe. Por eso hoy debemos hacer nuestra la petición que los apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. Necesitamos ser “visionarios”, hacer nuestra desde la fe la visión de esperanza y amor que Cristo resucitado nos ofrece y ofrecerla a los demás, ofrecer la luz de la fe, porque cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas sin una dirección fija (3).
En este tiempo de nueva evangelización, debemos vivir por la fe, sin miedo a que nos tachen de “visionarios” en sentido negativo, porque como decía san Pablo: Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor.
ACTUAR:
¿Alguna vez, por mi fe, me han tachado de “visionario” en sentido negativo? ¿Alguna vez he pensado que todo esto son fantasías, ilusiones, quimeras…? ¿Qué respuesta di, o busqué?
El Señor, en la nueva evangelización, nos pide que seamos “visionarios”, que tengamos visión de futuro, de su futuro, porque el hombre ha renunciado a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con pequeñas luces que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino (3).
Para recorrer nosotros y abrir a otros el camino del Señor, debemos vivir por la fe en Él, que esa fe sea nuestra luz. Y esta fe no es una ilusión: una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos (…) La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro (4).
En la fe (…) reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría (7).