Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía domingo XXI del TO-C

«Castigo de Dios»

 Descargar homilía

VER:

Todos sabemos lo que es castigo, unapena que se impone a quien ha cometido un delito o falta, y seguro que nos hemos ganado más de uno cuando hemos hecho lo que no debemos. A la palabra “castigo” también le damos otros usos: por ejemplo, cuando alguien está haciendo un entrenamiento deportivo muy intenso decimos que “se está castigando”; a veces también decimos, cuando algo o alguien nos resulta especialmente pesado o insoportable, que es “un castigo” para nosotros. Y a veces cuando alguien sufre una desgracia, hay quienes dicen que es “castigo de Dios” por su comportamiento; y esto, tristemente, lo dicen personas que se tienen por creyentes. Esta idea-imagen del “Dios castigador” se ha grabado en la mente de muchas personas, hasta el punto de sentir miedo de Dios, o al menos de su posible castigo, y se “cumplen sus leyes” más por miedo al castigo que por convencimiento.

JUZGAR:

Y es cierto que en la 2ª lectura hemos escuchado hablar de castigos de Dios: Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor… ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos. Y parece también que Jesús en el Evangelio nos quiere meter miedo; cuando le preguntan: Señor, ¿serán pocos los que se salven? , Él responde: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha… porque si no, cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera… Entonces será el llanto y el rechinar de dientes

Pero desde luego, Jesús no quiere meternos miedo amenazándonos con un “castigo de Dios”. La 2ª lectura lo aclara: Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos? Sabemos que a menudo pecamos, nos apartamos del camino del Señor, y nuestro pecado tiene unas consecuencias que debemos asumir. Pero esas consecuencias no debemos verlas como un “castigo de Dios”, sino como una corrección de nuestro Padre, porque el Señor reprende a los que ama.

Un buen padre no es el que nunca corrige o incluso castiga a sus hijos; un buen Padre es el que los ama y quiere lo mejor para ellos, y por eso les corrige cuando lo necesitan. En este sentido debemos entender las palabras de Jesús: por amor hacia nosotros, no nos está amenazando sino advirtiendo, no está avisando para que no tengamos que pasar por el llanto y el rechinar de dientes.

Por eso, no debemos prestar atención a quienes nos amenacen con “castigos de Dios”, por mucho que sean “gente de Iglesia” (hemos comido y bebido contigo…), porque en realidad no conocen a Dios, y Él lo ha dejado bien claro: No sé quiénes sois.

ACTUAR:

¿Alguna vez he pensado que algo malo que me ha ocurrido es “castigo de Dios”? ¿Por qué? ¿Alguna vez lo he pensado de otros, o incluso se lo he dicho? ¿Tengo miedo de Dios? ¿Qué hago o qué debería hacer para esforzarme en entrar por la puerta estrecha?

La 2ª lectura decía: Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Sintámonos amados por Dios, nuestro Padre bueno, sepámonos y sintámonos hijos suyos. Él sólo quiere lo mejor para nosotros y por eso nos advierte para que nos esforcemos en entrar por la puerta estrecha.

Pero como eso nos cuesta, e incluso nos rebelamos, en más de una ocasión necesitaremos que nuestro Padre nos corrija. No rechacemos esa corrección, recordando siempre que es Padre y no un castigador. Necesitamos conocer a nuestro Padre-Dios mediante la oración, la meditación de la Palabra, los Sacramentos, la formación…  para descubrir y mostrar su verdadero rostro, para que ni nosotros ni otras personas sientan miedo de Él, para que viviendo como hijos suyos tengamos como fruto una vida honrada y en paz, que nos llevará a vivir eternamente como hijos en la casa de nuestro Padre.

Los comentarios están cerrados.