Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del domingo XIX del TO-C

Ánimo desde la fe

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A veces, cuando alguien te cuenta un problema que tiene, una situación difícil queestá pasando, si podemos le damos algún consejo o le ofrecemos nuestra ayuda, pero a veces no podemos porque son situaciones que la propia persona tiene que pasar, y solemos decirle: “¡Animo!”. Pero muchas veces somos conscientes de que ese deseo se queda corto, porque para lo que esa persona tiene que pasar, una palabra de aliento, aunque esté dicha con la mejor intención, no es suficiente y necesita algo más. Algo que supera nuestra capacidad.

JUZGAR:

Si humanamente tenemos que estar dispuestos a desear e infundir ánimo a quien lo necesita, como cristianos no podemos quedarnos solamente en eso: además de ese ánimo humano, nosotros debemos ofrecer una palabra de ánimo desde la fe. Porque los ánimos humanos no son suficientes en la mayoría de los casos, pero el ánimo desde la fe llega mucho más allá, hasta el infinito.

Para ofrecer este ánimo desde la fe, debemos aprender a realizar una lectura creyente de la realidad, que no es recopilar datos para dar una opinión, sino que supone discernir los “signos de los tiempos”, aprender a descubrir la presencia de Dios en las situaciones, en los acontecimientos cotidianos, en los hechos de vida que afectan a las personas, para ver más allá de las apariencias y mostrar lo que quizá las circunstancias ocultan, como hemos escuchado en la 1ª lectura: aquella noche se les anunció… para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.

Mostrar esta presencia de Dios ya es ofrecer un ánimo “más que humano”, ya supone ayudar a la persona a recordar que no está sola en esa situación difícil. Pero también a veces esto no resulta suficiente; por eso hemos dicho que nosotros debemos ofrecer ánimo desde la fe, y para eso, nosotros mismos debemos convertirnos en testigos, como esos testigos que hemos escuchado en la 2ª lectura: Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra… Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje

Nosotros somos eslabones de esta “cadena de fe”, que como nos recordó el Papa Benedicto XVI en Porta Fidei 13, pasa por María, los Apóstoles, los discípulos, los mártires, hombres y mujeres consagrados… hasta llegar a nosotros: Por la fe, hombres y mujeres de toda edad han confesado la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llama a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública… También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús en nuestras vidas y en la historia.

Porque nuestra fe no es en “algo”, sino en Alguien: Jesucristo, por eso supera las expectativas humanas. Él es la fuente del verdadero ánimo que necesitamos, como hemos escuchado en el Evangelio: No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Y certificó esta promesa con su muerte y resurrección, como también nos recuerda el Papa Benedicto XVI (6): Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva (…) este Amor lleva al hombre a una nueva vida (…) Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección (…) La fe se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre. Y desde este nuevo criterio de pensamiento y acción seremos capaces de dar a otros ánimo desde la fe, un ánimo que no se quedará en meras palabras porque lo ofreceremos con el testimonio de nuestra propia vida.

ACTUAR:

El Señor nos ha dicho: estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. Por la fe, entendemos estas palabras no como una amenaza sino como el recordatorio del encuentro de Amor al que estamos llamados, y para el que nos debemos preparar y ayudar a otros a prepararse.

Preparémonos, cuidemos y alimentemos nuestra fe con la oración, la Eucaristía, la Reconciliación, la formación… para poder dar ánimo desde la fe, porque como dijo el Papa Benedicto XVI (15): [la fe] nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que (…) son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, esa que no tiene fin.

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