La verdadera seguridad
VER:
Uno de los efectos de la crisis económica es que ha provocado un vuelco en la vida de muchas personas, sobre todo de mediana edad. Son personas que pensaban que tenían una vida estructurada: después de años trabajando, de haber criado unos hijos, creían que ya habían alcanzado una deseable estabilidad que les permitiría vivir con cierta tranquilidad y seguridad; pero de repente han visto cómo toda esa vida estructurada, esa “seguridad” se ha esfumado, quedando en muchos casos en una situación muy precaria. Y surgen las preguntas: ¿Para qué tanto esfuerzo y sacrificio? ¿Qué hemos sacado de ello? Y al ver lo que ha ocurrido, surge en la gente la mentalidad de “A vivir que son dos días, aprovechémonos mientras podamos”, porque es lo único deseable.
JUZGAR:
En la parábola que Jesús ha contado en el Evangelio hay una frase que el protagonista se dice a sí mismo, y que podría ser el objetivo de muchas personas, que quisieran poder decir lo mismo: tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida.
Pero eso, que parece el proyecto de vida ideal y deseable por cualquiera, no ofrecería tampoco la estabilidad y seguridad deseadas. En el mejor de los casos, puede ocurrir lo que hemos escuchado en la 1ª lectura y que recoge una experiencia muy real: hay quien trabaja con destreza, con habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción al que no la ha trabajado. Y en el peor de los casos, un accidente, una enfermedad, una crisis económica como la que estamos sufriendo, pueden también truncar en cualquier momento esa falsa seguridad, ese proyecto de vida tan deseable. Lo cierto es que no sabemos cuándo, pero sabemos que se cumplirá lo que el Señor también ha dicho en el Evangelio: Necio… te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?
Porque la única “certeza y seguridad” que tenemos es que más pronto o más tarde moriremos, aunque hayamos disfrutado de una holgada posición económica y social. Y ante esta “certeza y seguridad” de la propia muerte podemos reaccionar de dos formas. Podemos optar por asumir la postura que recoge la 1ª lectura: desencanto (¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?) y escepticismo (vanidad de vanidades, todo es vanidad).
O podemos optar por escuchar a Jesús, que nos enseña: aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y seguir lo que san Pablo nos ha dicho en la 2ª lectura: buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo… aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. No se trata de despreciar los bienes materiales, ni dejar de aspirar a poder llevar una vida en las mejores condiciones posibles: se trata de dar a los bienes su justo valor y utilizarlos para, como decía Jesús, ser ricos ante Dios. Y esta opción es la que nos va a dar la verdadera seguridad y certeza, ya no sentiremos que todo es vanidad.
Algo positivo de la actual situación de crisis es que nos ha hecho ver a dónde nos ha llevado el estilo de vida que hemos estado siguiendo durante décadas, un estilo de vida capitalista, consumista, materialista, en el que hemos ido relegando cada vez más a Dios y, aunque no lo hayamos negado formalmente, en la práctica hemos vivido como si Dios no existiera. Si ahora somos conscientes de ello, hagamos caso a san Pablo: despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador. Despojémonos de esas actitudes del pasado, renovémonos y que el seguimiento de Cristo sea nuestro proyecto de vida deseable y seguro.
ACTUAR:
¿Ha cambiado mi vida o la de personas cercanas debido a la crisis económica? ¿He pensado también que todo es vanidad? ¿Es mi ideal de vida poder decir: tienes bienes acumulados… túmbate, come, bebe y date buena vida? ¿Qué hago para aspirar a los bienes de allá arriba, donde está Cristo?
En estos días se está celebrando la II Asamblea General de Acción Católica General, con el lema: “Llamados y enviados para la misión”. El Señor nos llama y envía a todos. Que seguir a Cristo sea de verdad el proyecto de vida de todos nosotros. Trabajemos por el Reino ofreciendo el Evangelio a tantos que han perdido sus bienes y están sumidos en la desesperación y no ven futuro, para que descubran que no han perdido su vida, que ésta no depende de sus bienes, sino que su vida está con Cristo escondida en Dios, y que si buscamos ante todo el Reino de Dios y su justicia seremos ricos ante Dios. Ésta es la seguridad y la meta deseable a la que podemos y debemos aspirar.