Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Ante el accidente de tren en Santiago

A todos nos ha sobrecogido el accidente de tren ocurrido en Galicia en la tarde del 24 de julio, una fecha significativa, víspera de la fiesta de Santiago, Apóstol.

Todo estaba preparado para la gran fiesta, y lógicamente se han suspendido los actos. Pero así y todo, se siente un fuerte contraste entre esas expectativas festivas y la dura realidad que se impone y que estamos viviendo.

En los medios de comunicación se habla mucho de la atención psicológica que los familiares de las víctimas están recibiendo, pero no he escuchado nada referente a la atención espiritual que quien lo desee también debe recibir, y que estoy seguro que (como ha ocurrido en anteriores accidentes y catástrofes), ya se les estará proporcionando aunque no salga en los medios.

No es fácil ofrecer esa atención espiritual. En estos momentos quizá lo más conveniente sea permanecer “al pie de la cruz”, con las familias, en silencio. Pero es un permanecer “orante”. Y durante la oración, he recordado este pasaje de san Pablo:

 “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado…” (1Cor 1, 23)

Hoy pensaba que, quizá, los que tenemos la responsabilidad de “predicar” a Cristo, de dar testimonio de fe en Cristo (ya seamos curas o laicos), caemos en un defecto peligroso: olvidar que debemos predicar a Cristo crucificado.

Cristo crucificado y resucitado, desde luego. Pero para resucitar, antes tuvo que pasar por la cruz.

La Resurrección ilumina la cruz, pero no la elimina.

La cruz está y estará presente, y debemos tenerlo en cuenta a la hora de hablar del Dios en quien creemos. Porque el Dios glorioso lleva en sí las marcas de la Pasión. Y esto no es masoquismo, como a veces se nos acusa por parte de quienes intentan cuestionar nuestra fe: es realismo.

Quizá habitualmente, a la hora de anunciar el evangelio, nos falta ese equilibrio entre cruz y resurrección, sobre todo con motivo de grandes fiestas como la que se preparaba en Galicia.

Por “miedo” a que nos tachen de aguafiestas, de “verlo todo mal”, nos centramos más en el aspecto festivo, “glorioso”, “bonito” de la fe, y se nos olvida que la cruz está y estará ahí.

Por eso, cuando la cruz se hace presente, más aún de un modo tan trágico como este accidente de tren, si lo que hemos estado mostrando principalmente es ese aspecto “triunfal”, “bonito”, no nos extrañe que en circunstancias como ésta la fe “no diga nada” a quienes están sufriendo, y se acabe rechazando el mensaje entero.

 “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado…”

No somos ni unos ilusos ni unos masoquistas, ni unos aguafiestas, tenemos bien plantados los pies en la realidad del mundo. La única posibilidad de esperanza ante quienes sufren con dureza la cruz en sus vidas, es la fe en Cristo crucificado y resucitado. Y ése debería ser, sin miedo, el núcleo central de nuestra predicación. Para unos, eso será escandaloso: ¿Qué clase de Dios es ése que no evita la cruz?; para otros, seguimos ofreciendo “opio al pueblo”, consolándole con cuentos necios.

Ante el misterio del dolor, debemos permanecer “al pie de la cruz”, acompañando, sin pretender convencer a nadie, sino ofreciendo (con las palabras o con el silencio) a Cristo. Porque nosotros no nos predicamos a nosotros mismos: Nosotros predicamos a un Cristo crucificado… Porque ahí, en Él, crucificado y resucitado, está toda la fuerza de Dios:

“El lenguaje de la cruz es locura para los que se pierden; más para los que están en vías de salvación, es poder de Dios (…) Dios ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje que predicamos. Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios parece locura, es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres”.

(1Cor 1, 18-25)

Reflexión de J.M.Ll.G.

Recemos por las víctimas y por la pronta recuperación de los heridos.

 

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