¿Aceptamos la herencia?
VER:
Una herencia es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones que, al morir alguien, son transmisibles a sus herederos o a sus legatarios. Un heredero es la persona que por testamento o por ley sucede en una herencia. Y hace unas semanas algunos medios informativos dieron la noticia de que cada vez son más más los herederos que rechazan herencias, más del doble que al inicio de la crisis, porque en ese conjunto de bienes, derechos y obligaciones, son más las deudas a pagar que los bienes a recibir, y si aceptasen la herencia, tendrían que pagar esas deudas incluso con su propio patrimonio, con lo cual, aun siendo legalmente herederos, prefieren rechazar la herencia.
JUZGAR:
Hoy en el Evangelio hemos escuchado la conversación de Jesús con un posible “heredero”: un letrado le preguntó… Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Este letrado, como miembro del pueblo de Israel, sabe que por la Ley puede optar a esa herencia, y pregunta las condiciones. Jesús lo remite precisamente a la Ley: ¿Qué está escrito… qué lees en ella? Y el “heredero” conoce perfectamente las condiciones: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo. Por eso Jesús le responde: Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida, indicándole que para heredar tiene que cumplir esas condiciones, pero todas: el derecho a heredar la vida eterna conlleva unas obligaciones irrenunciables, con Dios y con el prójimo.
Y entonces empiezan las dificultades; el letrado, aunque quería aparecer como justo, empieza a sopesar dichas obligaciones: ¿Y quién es mi prójimo? Si al aceptar la herencia de la vida eterna hay que cumplir la condición de amar al prójimo, ¿quién es éste, cómo y hasta dónde se ha de actuar con él?
Y Jesús le indica quién es su prójimo: no sólo los de su raza y condición, sino todo ser humano y especialmente los “desnudos y molidos” por diferentes “bandidos”. Y, además, Jesús le hace una exposición detallada de las obligaciones que conlleva aceptar la herencia de la vida eterna: sentir lástima, acercarse, atención primaria, entrega de uno mismo y de los propios bienes, seguimiento… En definitiva, como reconoce el propio letrado: practicar la misericordia.
Nosotros, por Cristo, también somos herederos potenciales de la vida eterna (2ª lectura): Él es la cabeza del cuerpo: de la Iglesia… Él es el primogénito… Como miembros de su cuerpo, de la Iglesia, tenemos derecho a dicha herencia; pero aceptarla conlleva las mismas obligaciones que Jesús indicó al letrado: cumplir el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, con todas sus consecuencias.
Es lógico que también nos pongamos a sopesar si aceptamos o no dicha herencia; quizá nos parezca que las obligaciones son excesivas para nosotros, pero recordemos lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable… El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca.
ACTUAR:
Como miembro del cuerpo de Cristo, ¿me siento heredero de la vida eterna? ¿Cómo influye esto en mi vida cotidiana? ¿Tengo presentes cuáles son los “derechos y obligaciones” que conlleva aceptar dicha herencia? ¿Considero que las obligaciones que conlleva querer “heredar la vida eterna” me exceden o resultan inalcanzables para una persona normal? ¿Cuáles me resultan más difíciles, y por qué? ¿Cómo evalúo mi cumplimiento de “amar a Dios y al prójimo? ¿Sé quién es mi prójimo? ¿Lo trato como dice Jesús, no sólo “sintiendo lástima” sino dándome yo mismo?
Tanto la 1ª lectura como el Evangelio terminaban con sendos imperativos: Cúmplelo… Anda, haz tú lo mismo. Y si el Señor nos lo pide es porque podemos hacerlo. Por Él, como cabeza nuestra, somos herederos de la vida eterna, y debemos aceptar esta herencia. Que Él nos conceda, como cristianos, como discípulos suyos, lo que hemos pedido en la oración colecta: rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa, es decir, cumplir el mandamiento del Amor, a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.