Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del XIV del TO-C

Evaluación y autoevaluación

   Descargar homilía

VER:

En las parroquias y en los grupos, al llegar el verano, suele ser habitual dedicar alguna reunión a realizar una evaluación y revisión de cómo se ha desarrollado el curso que ha finalizado. Pero ocurre que solemos enfocar más esta evaluación como su tuviéramos que presentar una cuenta de resultados, un balance contable. Y si comprobamos que ha habido resultados positivos nos sentimos contentos, y de lo contrario, nos entristecemos. También, individualmente, es necesario realizar una autoevaluación de nuestra vida, para comprobar si estamos dejándonos guiar por la fe o no. Y si comprobamos que ha habido resultados positivos nos alegramos, y de lo contrario, nos entristecemos. Y demasiado a menudo, como solemos centrarnos más los resultados negativos, caemos en el pesimismo y en la tristeza.

JUZGAR:

Pero para enfocar bien lo que es una evaluación o autoevaluación, y no caer en el pesimismo y la tristeza, hemos escuchado la promesa de Dios en la 1ª lectura: como a un niño… así os consolaré yo. Y el consuelo de Dios nos lo trae Jesús, que nos enseña a no mirar nuestra vida como si tuviéramos que presentar una cuenta de resultados: no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. Al evaluar o autoevaluarnos desde la fe, no debemos estar alegres porque las cosas “nos salen”, sino porque (con éxitos y fracasos) estamos siguiendo al Señor, y ese seguimiento es el que inscribe y mantiene inscrito nuestro nombre en el cielo.

¿Qué es, pues, lo que tenemos que evaluar y autoevaluarnos? Jesús nos da unas pistas:

Poneos en camino: ¿Vivo la fe de modo pasivo, qué compromiso evangelizador llevo a cabo?

No llevéis…: ¿Voy “sobrecargado”? ¿Tengo demasiados “apegos” que obstaculizan que siga a Cristo con mayor libertad y fidelidad?

No os detengáis…: ¿Hay algo o alguien a quien dedico más tiempo del que debiera y que por tanto frena mi seguimiento de Cristo?

Decid primero: «Paz a esta casa»: ¿Soy persona de paz, transmito paz?

Quedaos en la misma casa: ¿Soy constante en mi compromiso, o cambio según mis apetencias?

Si entráis… y os reciben bien…: ¿Soy agradecido con quienes me acogen por ser discípulo de Cristo?

Cuando… no os reciban, salid: ¿Sé cuándo debo callar y retirarme, o resulto importuno y pesado?

Y cuando objetivamente las cosas no han salido bien, cuando humanamente no vemos resultados, también debemos recordar lo que san Pablo ha dicho en la 2ª lectura: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Debemos aprender la sabiduría de la cruz, y asumir las cruces que vamos a encontrar en el seguimiento de Cristo, sabiendo que Él es quien las ha vencido.

ACTUAR:

¿He participado alguna vez en una reunión de evaluación? ¿Hemos seguido criterios “contables”, buscando resultados, o hemos seguido los criterios de Jesús? ¿Me he autoevaluado alguna vez como cristiano? ¿En qué me fijé? Si utilizase los puntos del Evangelio de hoy para autoevaluarme, ¿cuáles serían mis respuestas, a qué conclusión llegaría? ¿Acepto “la cruz”? ¿Soy consciente de que mi nombre está inscrito en el cielo? ¿Cómo afecta eso a mi vida, a qué me compromete?

Decía san Pablo: lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva. Lo que cuenta no son los resultados; nuestros nombres ya están inscritos en el cielo, así que lo que nos corresponde es que no se borre esa inscripción. Y para ello, en nuestras evaluaciones, lo que el Señor espera de nosotros es que en el seguimiento sigamos sus criterios, su Evangelio, y de este modo seamos criaturas nuevas, que vayamos renovándonos a Su imagen.

Los comentarios están cerrados.