Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del XIII TO-C

Llamados a ser libres

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VER:

Dos días antes de ser ordenados sacerdotes, a un compañero y a mí nos entrevistaron para un programa de radio. En un momento dado, el entrevistador empezó a preguntarnos si no echaríamos de menos la vida que habíamos llevado hasta ahora, insistiendo repetidamente en todo lo que íbamos a renunciar al ser ordenados… hasta que por fin le dijimos que más que pensar en las renuncias, nosotros pensábamos en lo que el Señor nos prometía y lo que íbamos a obtener.

JUZGAR:

La semana pasada decíamos que ser cristiano es seguir a Cristo. Y ese seguimiento, ya sea como cura, religioso o laico, es una vocación, es la respuesta a la llamada que el Señor hace por amor, y hemos escuchado en el Evangelio: Sígueme.

Una llamada que no supone una vida fácil: el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

Una llamada exigente: deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.

Una llamada que conlleva un verdadero cambio de vida, como hemos escuchado en la 1ª lectura: Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos… significando que a partir de ese momento daba una nueva orientación a su vida, abandonando el estilo de vida que había llevado. Porque responder a la llamada y seguir a Cristo no es un “voluntariado”, o un compromiso a tiempo parcial: es algo que compromete, libremente y por amor, toda la vida.

Una llamada que cuando se acepta, requiere mirar adelante: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios. No hay que estar pensando en lo que uno se pierde por seguir a Cristo, o lo que se deja atrás, sino hacia donde Cristo nos señala, hacia lo que nos promete.

Y lo que Cristo nos promete es la verdadera libertad, como hemos escuchado en la 2ª lectura: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado… Vuestra vocación es la libertad. Cristo nos llama a ser verdaderamente libres, siguiéndole.

Pero la libertad que Cristo nos promete tiene también unas exigencias: no una libertad para que se aproveche la carne, es decir nuestro egoísmo en el sentido más amplio de la palabra.

Y además, es una libertad paradójica: sed esclavos unos de otros por amor. Un esclavo es alguien que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra. Pero también tiene un sentido positivo: es alguien rendido, obediente, enamorado.La libertad a la que Cristo nos llama no supone poder hacer lo que queramos cuando queramos y como queramos, sino someternos al Amor y hacernos esclavos de los demás por amor, porque toda la ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo.» Y cuando seamos “esclavos unos de otros por amor”, será cuando verdaderamente nos sentiremos más libres, porque estaremos “bajo el dominio de Cristo”, haciendo lo mismo que hizo Cristo por nosotros, que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo (Flp 2, 7). Así expresa esta experiencia un himno de la Liturgia de las Horas (Oficio de Lectura del Común de Santos Varones): Desde que mi voluntad está a la vuestra rendida, conozco yo la medida de la mejor libertad.

Y precisamente porque la libertad que Cristo nos ofrece es la mejor, es por lo que también debemos cuidarla y protegerla: manteneos firmes y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Y la mejor forma de protegerla es a través de los Sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación.

ACTUAR:

Como cristiano, como seguidor de Cristo: ¿Suelo pensar más en lo que conlleva de renuncia y sacrificio que en lo que recibo? ¿Soy consciente de que el seguimiento de Cristo afecta a todas las dimensiones de mi vida, o llevo a cabo una especie de “voluntariado cristiano”? ¿Me siento verdaderamente libre, o vivo mi fe como una esclavitud? ¿Qué esclavitudes me amenazan o están impidiendo que sea verdaderamente libre, como Cristo quiere que sea?

Quizá nos falta la conciencia y la experiencia de ser llamados por Dios a ser sus hijos y a vivir como tales. Quizá nos falte descubrir que esa llamada personal de Cristo a seguirle no es para dominar y controlar nuestra vida, sino para enriquecerla abriéndola a su Proyecto de Salvación del mundo. Quizá no nos hemos dado cuenta que Dios nos llama a ser libres y cuenta con nosotros como corresponsables de su Proyecto de Salvación y de Liberación para todos los hombres.

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